Lo que ha unido la música
que no lo separe el hombre
Joan Wasser y Benjamin
Lazar Davis han demostrado que conocerse fue una gran suerte y
trabajar juntos un enorme acierto. El británico y la norteamericana
se ponen el mono de trabajo a favor de una ingeniería rítmica
inteligente, un pop que escriben con letras de oro, un minimalismo
generoso y unos recursos frescos que les permiten disfrutar de su
trabajo sin olvidarse del oyente.
Hijos del grunge noventero
y de la versión más desenfadada de Police, Feeder vuelve cuatro
años después de su último LP con un noveno disco tricolor que
combina el zumbido de una avispa incansable con la calma fruto del
retiro espiritual de Grant Nicholas.
El verano nuboso que pintan Local
Natives en este Sunlit Youth no contiene tantos himnos como en sus
discos anteriores pero vuelven a coger sus guitarras y tambores para
bailar alrededor de una hoguera que les reafirma como uno de los
principales estandartes del panorama musical californiano de la mano
de Nina Persson (The Cardigans) como artista invitada para darle un
toque nórdico y reflexivo a un tercer disco reivindicativo con la
política estadounidense.
Lisa Hannigan vuelve pulida como un
vidrio que ha pasado cinco años en el mar con un disco trágico y
sereno grabado entre las paredes de una iglesia neoyorquina.
A Moon Shaped Pool es el sueño que
Radiohead necesitaba para reponerse de la crisis de fe que ha estado
sufriendo durante los últimos cinco años.
El agujero en la tierra que parecía
estar a punto de convertirse en la tumba de Radiohead finalmente ha
derivado en una piscina con forma de luna en la que nadan cinco peces
mientras los demás admiramos las ondas que producen sus
movimientos en el agua. A Moon Shaped Pool es el disco que ellos
necesitaban y que nosotros necesitábamos para recuperar la fe.
Después de aquel falto y desganado The King of Limbs, Thom York decidió sentarse en la butaca del piano para tomárselo en serio y
trabajar con sus compañeros en un LP que suena más a quinteto que a
solista. Si 'Burn The Witch' no nos terminaba de dar toda la
confianza que necesitábamos cuando vio la luz como primer single,
'Daydreaming' nos enamoró a todos y dejó claro que el CD estaría
dirigido por ese piano de funerales faraónicos que tanto nos
hipnotizó con Pyramid Song. Hasta el videoclip, dirigido por Paul
Thomas Anderson, es perfecto con Yorke abriendo puertas de escenarios
oníricos y sonriendo a la cámara en un par de tomas como queriendo
expresar su satisfacción por el trabajo bien hecho.
A Moon Shaped Pool es la calma de la
exactitud, las melodías mejor destiladas de la banda y un baño en
una piscina de eterna juventud que le ha dado a Radiohead un plus de
credibilidad en un panorama musical que estaba deseando darle la
patada. Hasta nuevo aviso, siguen siendo los reyes en lo que hacen y
lo demuestran con temas como 'Decks Dark', otro gran terrón de
azúcar para soñadores en el que el sonido asciende según converge
el trabajo de los cinco músicos y la London Contemporary Orchestra. Si te gusta ese rasgueo de guitarra blues de Yorke, 'Desert Island Disk' es tu canción, pero
cuando parece que el viaje onírico va a seguir manteniendo nuestro
ritmo cardíaco, el movimiento ocular se vuelve más rápido con
temas como 'Ful Stop'. 'Glass Eyes' compensa y nos vuelve a tumbar en
un río para prepararnos de cara a la canción con el ritmo más
poseedor del LP: 'Identikit'.
'The Numbers' funciona de transición
para el trío final de A Moon Shaped Pool. La guitarra de 'Present
Tense' coge a Thom Yorke en sus notas más agudas mientras que 'Tinker
Tailor Soldier Sailor Rich Man Poor' nos regala una visita de cinco
minutos al espacio más electrónico, misterioso y sombrío de Radiohead.
Para cerrar un trabajo sobresaliente, el quinteto elige darle hogar a
'True Love Waits' en este LP, pero aunque esta nueva versión de estudio se
adapta perfectamente a esta piscina con forma de luna, es inevitable
acordarse de cómo Thom Yorke machacaba las cuerdas de la acústica
en aquel I Might Be Wrong Live Recordings. El amor verdadero espera
del mismo modo que el noveno disco de Radiohead se ha hecho esperar, pero se podría decir sin miedo a equivocarse que los cinco años de
espera han merecido la pena.
Trackslist_
1. Burn The Witch
2. Daydreaming
3. Decks Dark
4. Desert Island Disk
5. Ful Stop
6. Glass Eyes
7. Identikit
8. The Numbers
9. Present Tense
10. Tinker Tailor Soldier Sailor Rich
Man Poor Man
The Getaway es una mala transfusión de
sangre que cambia el funk rock por canciones escritas por el bajista
a piano. A pesar de que han pasado cinco años desde su último
trabajo, la falta de imaginación de los Red Hot Chili Peppers
colisiona con el nuevo productor Danger Mouse y desemboca en un álbum
que parece una lista de descartes de su anterior trabajo que ni
siquiera es capaz de ofrecer un tema lo suficientemente potente para
abrir su próxima gira.
A pesar de los intentos fallidos de
modernizarse con sintetizadores de una biblioteca de sonidos
desfasada, These People nos permite recuperar algo de aquel barítono
que convirtió a Richard Ashcroft en una de las voces más
carismáticas de su generación.
PJ Harvey lanza una comunión de
canciones marcadas por temas socio políticos que, por su similitud a
su anterior disco, hacen que la artista pierda gran parte de ese
factor sorpresa con el que contaba cada vez que decidía animarse con
un nuevo LP. Críticas a la demolición de lo viejo para imponer lo
nuevo y lo caro en un disco que quedará en la memoria como un
cuaderno de viajes de la artista tras sus viajes emulando a un
Hemingway femenino por las ciudades de Afganistan, Kosovo y
Washington DC.
02. The
Ministry of Defence 03. A Line in the Sand 04. Chain of Keys
05. River Anacostia 06. Near the Memorials to Vietnam and
Lincoln 07. The Orange Monkey 08. Medicinals 09. The
Ministry of Social Affairs 10. The Wheel 11. Dollar, Dollar
Yeasayer recoge el estilo que cosechó
en sus dos primeros discos para grabar un disco de una frondosidad
musical que vuelve a llenar a su discografía de luces y colores.
★★★★★
Con su tercer disco, Fragrant World,
Yeasayer perdió a una gran cantidad de seguidores que no vieron con
buenos ojos que este trío de Brooklyn abrazase tanto la electrónica
para introducirnos en una distopía futurista. Aunque en su momento
sacaron pecho con su anterior LP, parece que el grupo formado por
Chris Keating, Ira Wolf y Anand Wilder no han podido evitar darle a
su audiencia lo que lleva echando de menos desde aquel Odd Blood de
2010. No podemos decir que hemos salido perdiendo, ya que Amen &
Goodbye tiene todos los elementos que le puedes pedir a unos profetas
musicales que siempre parecen ir un paso por delante con sus apuestas
arriesgadas pero siempre acertadas. Su cuarto álbum arranca con
claras influencias de los Beatles en 'Daughters Of Cain' y estalla en
su propia frondosidad musical a través de 'I Am Chemistry', el primer
single que lanzaron al mundo para presentar su nuevo trabajo.
'Silly Me' es la hermana de O.N.E. en
cuanto a pop pegadizo de la mano de Anand Wilder. El disco parece una
sucesión de un hit seguido de otro hit, con 'Half Asleep' recuperando
el sitar de sus inicios y 'Dead Sea Scrolls' regalándonos un solo de
saxo de esos que te taladran el alma. La producción es exquisita y
los elementos pueden degustarse de forma individual al estar
perfectamente situados en la estructura de cada canción. Estamos
ante una obra maestra desde la portada hasta el cierre, ya que el art
work corre a cargo de David Altmejd, un canadiense que ha creado una
escena física al estilo de Dali teniendo en cuenta elementos de la
cultura y personalidades actuales. Lo bizarro se apodera por minutos
del LP y escuchamos una ronda de aplausos mientras suena un clavecín
en 'Child Prodigy' para dar paso a la fase final de este Amen &
Goodbye.
Chris Keating entrega su último temazo
con 'Gerson's Whistle' antes de dejar que Anand Wilder cierre el disco
con una nocturna y primaveral canción de amor en 'Uma' y un tema que
suena a mezcla entre el sonido del Viva la Vida de Coldplay y el Hail
to the Thief de Radiohead llamado 'Coldnight'. Yeasayer ha demostrado
que son los mejores en lo que hacen. Son la banda que todo grupo
moderno quiere ser y se traen del futuro una frondosidad que completa
los mejores jardines del panorama musical. Aquí encontrarás una
apuesta lucida, generosa, valiente y espléndida. La mejor versión
de tres amigos que han sudado sangre para grabar un disco plagado de
retos y viajes hacia lo extraño y lo desconocido. Esta nueva pila de
canciones y su notable apuesta en directo les convierte una vez más
en una de las bandas más interesantes para subrayar en un festival
veraniego.
Tracklist_
1. Daughters of Cain 2. I Am
Chemistry 3. Silly Me 4. Half Asleep 5. Dead Sea Scrolls
6.
Prophecy Gun
7. Computer Canticle 1
8. Divine Simulacrum
9.
Child Prodigy 10. Gerson's Whistle
11. Uma
12. Cold
Night
13. Amen & Goodbye
Los irlandeses Little Green Cars llegan
a su segundo LP echando el candado a un pasado doloroso con un disco
más oscuro que su debut pero con un atardecer entre nubes con el que
el oyente se sentirá fácilmente identificado.
★★★★☆
Ephemera suena a noche tormentosa, a
sueños que se tienen tras una experiencia traumática, a ritual
crematorio y a pulso ganado contra la depresión. Este tipo de bandas
no deben faltar nunca en nuestras vidas. En los veranos, entre
festivales, temas bailables, risas, cachondeo y subidones se nos
olvida la importancia de este préstamo sentimental que realizan los
hijos de San Patricio. Little Green Cars se ha convertido en una
noble representación de esa banda impermeable que ha sabido
adaptarse a las nuevas exigencias de un público que se aburre con
facilidad. Aquí todos cantan, pero las voces de Stevie Appleby y
Faye O'Rourke son los colores con los que más identificados se
sentirá el oyente. Él parece el hijo que siempre quiso tener Neil
Young en temas como 'You vs Me' y ella es un bello trébol de verde
radiante que aguanta tormentas con una fuerza desgarradora que te
emocionará sí o sí con 'Easier Day'.
Pero Little Green Cars suena a
conjunto, sobre todo cuando nos vuelven a regalar sus armónicos en
temas suaves como 'The Garden Of Death', 'I Don't Even Know Who', 'Winds Of Peace' y 'The Factory'. También hay
dúos como 'Clair de Lune', pero se podría decir que las voces
cantantes se reparten muy bien este sueño efímero que los propios
músicos definen como el desvanecimiento de una luz y la belleza de
un momento. Un álbum terapéutico para echar el candado a
experiencias duras del pasado y mirar hacia delante con la sensación
de haber aprendido algo. A partir del octavo track, Ephemera anochece
y nos mete en la fiesta más incómoda en la que jamás hemos estado
con 'The Party' y en un túnel de sentimientos enfrentados con 'Good
Women Do'. En definitiva, su segundo disco es un álbum muy
unificado, menos heterogéneo que el anterior (ya no escuchamos
recursos arriesgados como aquel vocoder del primer LP) pero que
destaca por capturar momentos que conectan con lo cotidiano, los días
grises y los grandes cambios vitales de sus oyentes.
You
& I es una íntima estancia con un artista que se ganó el mote
de 'jukebox humano' por su capacidad de sacar en directo influencias
de un amplísimo rango musical y hacer suyas canciones de Bob Dylan,
The Smiths, Sly & The Family Stone y Led Zeppelin.
★★★★☆
Oficialmente,
Jeff Buckley solamente lanzó un LP en vida pero ha emocionado e
influido a miles de artistas por todo el mundo y bandas como Muse,
Radiohead o Coldplay quisieron sonar como él en sus inicios. No es
fácil editar nuevos discos de un artista fallecido en 1997 a la edad
de 30 años cuya mayor actividad musical se generaba en los bares que
frecuentaba para deleitar al publico neoyorquino a diario durante
semanas y semanas. En esa época de los 'cafe days' es cuando se ganó
más que nunca el apodo de 'jukebox humano' porque era capaz de sacar
cualquier tema que le pidiera el público, desde los temas más
populares de aquella década, pasando por canciones de Broadway, clásicos
del rock, jazz, pop, hasta que se animaba a cantar como el paquistaní
Nusrat Fateh Ali Khan.
Pero
aunque este don ya lo exhibió en el recopilatorio de Live at Sin-é,
You & I ofrece grabaciones inéditas que Buckley registró cuando
firmó su primer gran contrato discográfico. Hasta para los que ya
creen haberlo escuchado todo de esta deidad musical se emocionarán
con las versiones inéditas de 'Just Like a Woman' de Bob Dylan (cuyo clímax te
pondrá los pelos de punta), 'Calling You' de Jevetta Steele, y una de
las grandes favoritas: 'I Know It's Over' de The Smiths. A pesar del
vaivén de melancolía de este CD, You & I es un encuentro
privado entre el oyente y el artista en una habitación que en
algunos instantes se llena de luz a través de ventanas como 'Everyday
People', 'Don't Let the Sun Catch You Cryin' y 'Night Flight'. Todo ello
con un buen sonido, fruto del trabajo de la madre de Buckley y la
discográfica Columbia, pero respetando ese sabor a maqueta y
evitando cualquier edición o alteración de la fuente original,
“estas grabaciones son los verdaderos restos mortales de Jeff,
deberíamos tratarlas como si estuviéramos preparando su cuerpo para
un entierro: nada de maquillaje, ni trajes de Armani, ni cortes de
pelo o peinados”, afirma Mary Guibert sobre la forma en la que
quería preparar este álbum antes de lanzarlo.
Impresiona
en gran medida escuchar cómo un solo hombre se saca
influencias de estilos tan diferentes y logra hacer suyas canciones
de artistas que, como Leonard Cohen con Hallelujah, han llegado a
confesar que Buckley ha superado sus propias creaciones. Aquí se
puede ver una vez más que este norteamericano nacido en Anaheim
(California) era un hombre al servicio absoluto de la música. Una
bella criatura cuya muerte es tan insuperable como el legado que ha
dejado en la música. You & I llega a hacer daño en temas como
'Dream of You and I', en la que el propio cantante relata cómo soñó
con una canción al mismo tiempo que la interpreta con la guitarra
acústica, "si estás grabando esto, mejor, así no se me olvidará", se le oye decir al cantante al final de la grabación sobre un tema que nunca llegó a completarse.
Siempre
nos quedaremos con la ganas de saber cómo habría evolucionado su
música, su puesta en escena, la colaboraciones que habría
realizado, si se habría animado a trabajar en una banda sonora o si habría cambiado la guitarra por el piano. Pero
nos queda siempre su legado y una devoción hacia la música
que se hace palpable cuando escuchamos cómo tiembla su voz al mismo tiempo que su
famosa Fender Telecaster sesentera de color crema acompaña un momento
realmente íntimo entre el oyente y el artista.
Tracklist_
1. Just Like A Woman (Bob Dylan)
2. Everyday People (Sly & The
Family Stone)
3. Don’t Let The Sun Catch You Cryin’
(Louis Jordan)
4. Grace
5. Calling You (Jevetta Steele)
6. Dream Of You And I
7. The Boy With The Thorn In His Side
(The Smiths)
El 2015 ha sido una cantera de joyas en
lo sonoro y lo visual. Retornos para alimentar a los nostálgicos y
nuevos sonidos para llenar de esperanza a los agnósticos. Un año
más, he intentado seleccionar lo mejor que ha pasado por mis papilas
gustativas, así que espero que encuentres al menos un caramelo en
esta bolsa de premiados.
Mejor disco: + -
Cinco años de gestación no son nada
cuando una banda como Mew crea una obra absolutamente inspiradora,
reconfortante, plena y profunda. Jonas Bjerre y su séquito ha
conseguido con + - generar una obra maestra del pop retomando la
majestuosidad del rock progresivo y manteniendo la coherencia en la
tierna voz del cantante entre la robustez de las guitarras y la
percusión.
Mejor película: Yo, Él y Raquel
El título original, Me and Earl and
the Dying Girl tiene mucho más sentido que la traducción que le han
dado en territorio ibérico, porque Yo, Él y Raquel es la historia
de dos chicos de Instituto que se enfrentan por primera vez a la
posibilidad de que una compañera de clase con leucemia acabe bajo
tierra. El tejano Alfonso Gomez Rejon se atreve con el cine indie en
una historia con una gran cantidad de referencias culturales, humor
negro e interpretaciones magnéticas y maduras. Por si fuera poco,
el señor Brian Eno se encarga de la banda sonora. Está mal vendida
por algunos críticos como la hermana de Bajo la Misma Estrella,
pero este cine no es un generador de club de fans y pinturas en la
frente.
Mejor canción: Rows
Esta canción dividida en tres fases
comienza reconfortando al oyente con Jonas Bjerre acercándose al
micrófono para cantar “it's allright, anything you can wish for
you can do”. Es la esencia más pura de Mew, con la sensibilidad
del cantante abriéndose paso entre el robusto bajo de Johan Wohlert,
las metálicas guitarras de Bo Madsen y la batería progresiva de
Silas. Una obra maestra absoluta de 10 minutos que no tiene nada que
envidiarle a grandes hits de esta banda danesa como Comforting
Sounds.
Mejor videoclip: Nearly Forgot My
Broken Heart
Buena dirección, gran canción, humor
negro, el propio cantante como protagonista y una trama que le
permite ganar con cada visionado. Estos cuatro factores son la receta
secreta del videoclip que le ha dedicado Chris Cornell al primer
single de su último LP para contar la historia de un hombre que se libró de la
pena de muerte para vivir una cadena perpetua en un matrimonio que
nunca quiso firmar. Una curiosidad: el niño rubio que sujeta un
rosario es uno de los hijos del líder de Soundgarden.
Mejor concierto: Damien Rice en el
Parco della Musica de Roma
Personalmente, el pasado 25 de julio
cumplí un sueño en Roma que empecé a gestar desde que la voz y acústica
de Damien Rice acompañase aquel encuentro entre Natalie Portman y
Jude Law en la primera escena de Closer. Más solo que nunca y frente
a 3.000 espectadores, este irlandés demostró que primero está él y
luego el resto de cantantes folk. El corazón y la rabia que imprimió
aquella noche a canciones como 9 Crimes parecían prender el escenario
ante la devoción de miles de italianos que se volvieron a enamorar
una vez más de un caballero que genera adeptos hasta en los huecos entre canciones.
Mejor debut: Trickfinger
Trickfinger es el alter ego electrónico
de John Frusciante, ex guitarrista de los Red Hot Chili Peppers y
estandarte de las mejores etapas del cuarteto californiano de Give
it Away y Californication. Un proyecto que seguramente no vaya más
allá de este LP homónimo pero que ha logrado que Frusciante abrace
definitivamente la electrónica tras varios discos coqueteando con lo
techno. Este disco es un acid house que recuerda al Aphex Twin más
ambient y que se disfruta especialmente si se escucha sin prejuicios
y teniendo en cuenta que este trabajo no tiene nada que ver con aquel
guitarrista de hits como By the Way y Under the Bridge.
Chris Martín quiere que sepas que está
mejor y para contártelo ha traído a invitados como Beyoncé, Noel
Gallagher, Gwyneth Paltrow y hasta a su hijo pequeño en un disco
optimista pero poco innovador.
★★★☆☆
Era evidente que después de la noche y
la nostalgia de Ghost Stories iba a llegar este amanecer hippie de
títulos positivos como A Head Full of Dreams. Parece que Chris
Martin tiene tan superados sus problemas matrimoniales con Gwyneth
Paltrow que incluso la invita a ser el eco que resuena en la
acogedora 'Everglow', pero el británico vuelve a provocar a sus fans
más clásicos tonteando con otra voz superventas como Rihanna en 'Hymn For
The Weekend'. Sin embargo, tanto la madre de sus hijos como Beyoncé
son muy discretas en sus colaboraciones, al igual que sucede con la
guitarra difícil de diferenciar de Noel Galagher en 'Up&Up'.
Y es que por suerte el séptimo
disco de este cuarteto británico no se trata de inflarse de duetos
para atraer la atención de un público más amplio, pero sí que
peca de innovar demasiado poco teniendo en cuenta las revoluciones
pasadas que protagonizaron Martin y los suyos. 'Adventure of a
Lifetime' es un tema pegadizo, te guste o no, porque llega justo para
convertirse en la banda sonora de las compras navideñas de este año
con un ritmo disco que parece inspirarse en la exitosa fórmula de
Daft Punk.
A Head Full of Dreams se hace más
interesante a partir de la segunda mitad, con Tove Lo acompañando a
Chris Martin en un dulce dueto que mira hacia una relación destruida
sin ira. Continúan las
colaboraciones con la pianista clásica Khatia Buniatishvili al piano
y el escritor Coleman Barks recitando un poema en 'Kaleidoscope', un
interludio que termina con Barack Obama cantando Amazing Grace y que
sabe a disco grande a pesar de que este LP es apenas un destello de
las épicas batallas que ha librado Coldplay.
La más atrevida es sin duda 'Army of
One', una canción fresquita y joven que se agradece mucho a pesar de
que su segunda parte choca en un primer instante con Chris Martin disfrazándose de estrella del hip hop. Se le perdona todo
cuando nos regala 'Amazing Day', un bonito recuerdo de una sucesión de
pequeños momentos inolvidables que nos hace volver a enamorarnos
de ese Coldplaytierno de butaca y piano. Con el hijo del cantante tocando la pandereta
en el último acto se despide un disco que Martin describe como
el destino al que apuntaban todos los caminos de sus anteriores
discos, una afirmación que al mismo tiempo está tan pasada de
optimismo como los títulos de sus canciones.
Así, Coldplay se ha convertido en esa ex
novia a la que vuelves y el sexo es bueno, pero con la que al final te acaba
invadiendo un sentimiento de nostalgia inevitable
El líder de Soundgarden continúa la
estela de Songbook y lanza un disco en el que Chris Cornell se hace
íntimo de la acústica con una pila de temas acogedores que suenan a
caballo entre Euphoria Morning y Carry On.
★★★☆☆
A los que se horrorizaron con Scream y
los coqueteos de Chris Cornell con el mundo del pop electrónico
producido por Timbaland les alegrará saber que esta leyenda del
grunge ha vuelto a una propuesta más madura y sosegada que su
anterior LP de estudio. Después de volver a girar alrededor del
mundo con Soundgarden y lanzar un disco con ellos, este músico de 51
años nacido en Seattle grabó un CD titulado Songbook en el que
recopilaba los mejores momentos de su última gira en solitario con
una guitarra acústica como única arma.
Ahora este señor de voz desgarrada y
sensibilidad desgarradora ha vuelto con Higher Truth. La buena
noticia es que suena parecido a Euphoria Morning y la mala es que también guarda algo de la estela carcamal de Carry On.
Arranca con una todopoderosa 'Nearly Forgot My Broken Heart' para
continuar con 'Dead Wishes', una canción cuya introducción te hará
desear que todo el disco suene siguiendo esos arpegios. Con su cuarto
disco de estudio en solitario, Chris Cornell saca las mantas para el
invierno con canciones como 'Before We Disappear', 'Let Your Eyes
Wander', 'Circling', 'Through The Window' y 'Josephine, por lo que, tras varias escuchas, el oyente se irá sintiendo cada vez más arropado según avanza el minutaje.
Con 'Higher Truth', Chris Cornell se
pone épico en un viaje a una montaña nevada tras el cual enciende una hoguera que empieza calentando con un piano que abre
una balada rock de las que deberían haber predominado en Carry On.
Scream gana a este disco en que arriesgaba más y en muchas ocasiones
salía ganando, pero bien es cierto que es un lujo escuchar una voz
tan carismática y reconocible del rock con la única compañía de
instrumentos que son regalos de la naturaleza. Solamente en algunos
temas como 'Murderer of Blue Skies' y 'Our Time In The Universe', Cornell
hace más uso de su banda para llegar al clímax que los fans de
Soundgarden buscan escuchar en él.
Tras la resaca de los 12 EPs que sacó
en un año, Nerina Pallot se atreve con un disco sombrío en el que
experimenta con la electrónica para reformular el concepto de pop de forma honesta y madura.
★★★☆☆
Después un año de EPs y varios discos
en su haber, parecía imposible que Nerina Pallot pudiera
sorprendernos desde el refugio de su estudio de grabación. Consciente
de este reto, la británica decidió aplicar una capa electrónica a
The Sound and the Fury, un LP en el que encontramos algunas canciones
transformadas que nos encontramos en el proyecto Year of EPs. La magia
negra de 'There Is a Drum' sirve de embrujo para enganchar al oyente a
un CD que goza de mucho carácter, pero Pallot no enseña los dientes
hasta 'If I Had a Girl', un rincón que aprovecha para compartir su
teoría sobre el feminismo, “and if I wear my skirt short, don't
mean I don't have a brain”.
Pero si ya conoces a esta artista,
seguramente busques ese freno que le pone a sus canciones a piano
como 'Handle' o 'Boy on the Bus', un tema cuyo clímax parece recoger
los mejores coros de una canción de Jeff Buckley. 'Spirit Walks' es su
favorita, seguramente porque recoge toda esa esencia blues de la
sombra azul que The Sound and the Fury proyecta en su definición,
mientras que otras canciones de la segunda mitad del LP, como 'Big
White House' y 'Longest Memory', nos atrapan en una noche urbana hasta
altas horas de la madrugada.
'Rousseau' recoge la historia de la
conexión casual entre el pintor y el filósofo que comparten el
apellido que da nombre a la canción. Una vivencia que la cantante experimentó cuando en
cuestión de una semana no paró de encontrarse señales que la
conducían hacia uno y a otro, por lo que finalmente llegó a la
conclusión de que quizás los cuadros de naturaleza salvaje de uno y
los textos filosóficos del otro estaban relacionados de una forma que va más allá de lo
casual. 'The Road' tira también a lo literario dibujando una versión
distópica de la música de Nerina Pallot para recoger la
esencia del libro de Cormac McCarthy. Con este trabajo, esta
compositora londinense se aleja más que nunca del pop comercial que
nunca ofreció pero que siempre parece haber mirado con la tentación
de alguien que quiere seguir produciendo obras maduras, honestas y
profundas.
Paul Smith publica su trabajo más
próximo al sonido de Maxïmo Park con Contradictions, un álbum
fresco y energético que da la bienvenida a los ocres del otoño a través de los relatos del británico.
★★★☆☆
La poesía de Paul Smith empezó a
pedir espacio más allá de Maxïmo Park en 2010, año en el que el británico de Billingham
publicó su primer trabajo en solitario titulado Margins. Cuatro años después lanzó
el brillante Frozen by Sight con el pianista Peter Brewis y ahora nos
sorprende con una nueva banda llamada The Intimations para firmar su
tercer trabajo alejado del grupo con el que aún se le asocia (en
gran parte porque sigue tocando con ellos). Sorprende que en Contradictions
haya decidido dar un paso hacia la guitarra de Duncan Lloyd y
escuchemos temas en el disco que bien podrían encajar en un track
list de Maxïmo Park como 'Break Me Down', 'Before The Perspiration
Falls', 'All The Things You'd Like To Be', la grave 'Fluid Identity' o la
luminosa 'People On Sunday'.
Guerrero de otoño, este señor sabe
como nadie adentrarnos a través de las puertas de un parque cuando finaliza la etapa
estival y las hojas comienzan a caer. Canciones como 'The Deep End' o 'Fill In The Blanks'
mantienen la cualidad de Smith a la hora de dibujar bocetos sobre la
melancolía del pensamiento y la reflexión, pero se aleja de las
sombras que exploraba con su primer disco en solitario y esboza menos
contrastes que con su colaboración con Peter Brewis. Este disco suena
a banda, a un mañana sin Maxïmo Park en el que Paul Smith rescata
lo que puede de su formación original para mantener su legado. Con
'The Golden Glint' hace muestra de la versatilidad de su voz, pero con temas como 'Quick' nos
recuerda que sigue siendo ese melancólico relator de citas que o
bien te seduce o te empalaga.
Jonathan Higgs se mete en
la piel de un terrorista para sobreponerse al trauma de
decapitaciones televisadas y guerras santas en un disco que empapa
con una magia negra e invita a bailar para superar la tragedia.
★★★★☆
En las diferentes entrevistas que ha
concedido Jonathan Higgs a diferentes medios, el líder de Everything
Everything explicaba que Get to Heaven no es una disertación
política sino más bien un álbum terapéutico para él y todos
aquellos que han sufrido el trauma de los horrores perpetuados por
bandas armadas como el Estado Islámico. El cantante de
este trío inglés proveniente de Manchester lo intentó todo para
comprender esta grave situación. Desde meterse en el papel del
terrorista hasta preguntarse si sería capaz de hacer algo parecido en una situación extrema.
'To The Blade' abre su tercer LP con los
dientes apretados para recalcar la historia de Alan Henning, el taxista británico que fue decapitado ante las cámaras por el IS. Lo
reseñable de este disco no es solo el fondo sino también la forma, ya
que Everything Everything logra engañarnos con magia negra y crea
un álbum bailable al mismo tiempo que se empapa en una temática
oscura. 'Regret' parece que hablase directamente sobre las adolescentes
que decidieron marcharse para apoyar a los extremistas en
Siria, con líneas como “primero me verás en las noticias y luego
nunca más” y preguntas lapidarias,
“¿te lo imaginabas de otra manera?”.
Su gira hace un par de años como teloneros de Foals parece
haberles influido en su sonido. Las guitarras y la percusión sombría
de temas como 'The Wheel (Is Turning Now)' recuerdan a los terrenos que visitamos
con el sonido de la banda de Yannis Philippakis. Pero aunque
solamente fuera por el falsete de Jonathan Higgs, Everything
Everything ha logrado una personalidad propia que cambia de
velocidades altas como las de 'Distant Past' y la poseída 'Blast Doors' a
preciosas tragedias como 'Spring / Sun / Winter / Dread' y 'Get to
Heaven'. No podía faltar un tema de
'crescendo' como 'No reptiles' ni el entierro del dramático final de
una distopía como 'Warm Healer', “cariño, he visto lo que hiciste
anoche, es horrible pero es todo lo que quería”.
Everything Everything volverán a
visitar nuestra país por segunda vez este año en el festival ArenalSound el próximo domingo 2 de agosto.
Matt Bellamy, Chris Wolstenholme y Dom
Howard cargan su nuevo disco con explosivos de tralla metálica pero
sin lobotomizar el sonido que habían diseñado en sus últimos
trabajos.
★ ★ ★ ★ ☆
Si no has oído ningún avance del
séptimo LP de Muse, te sorprenderá que el primer tema del disco
parezca más una canción escrita para Sia que para un disco con el
que la banda tenía la intención de sonar como un grupo de guitarra,
bajo y batería. No tarda demasiado en llegar 'Psycho' para sacudirnos
el susto del cuerpo con una de las propuestas más interesantes de
Drones. La antología Muse continúa con 'Mercy', cuya melodía
minimalista al piano recuerda a Starlight, pero cuando el trío
sorprende de la forma más grata en esta primera media docena de
canciones es con 'Reapers'. Rápido, intenso, de guitarras pesadas,
estribillo pseudo-funky y con un final apoteósico que recuerda a sus
mejores noches sobre el escenario, este tema es una de las bombas más
peligrosas con las que el trío británico aborda su discografía.
'The Handler' mantiene esa distorsión
que planta Psycho en el comienzo del LP pero comienza a conducirnos
hacia una senda más melódica antes de meternos un discurso de JFK
como introducción de 'Defector', cuyo riff de guitarra nos recuerda
que Matt Bellamy puede superar con su guitarra la belleza que
llega a ofrecer una orquesta de violines. Como álbum conceptual,
Drones nos cuenta la transición de un individuo que pasa a
convertirse en una máquina de matar en una sociedad en la que las
personas son manipuladas como robots teledirigidos. Sin embargo, el
tema distópico nos da un respiro con 'Revolt', el tema más positivo y
motivador que se ha soltado Muse desde Feeling Good, pero por
desgracia se pasan de frenada y acabamos en un balada demasiado obvia
titulada 'Aftermath' con la que parece que quieren que el público se saque el
mechero (o la pantalla del móvil) en sus conciertos.
Pero no sufráis porque, cuando se lo
propone, el trío capitaneado por Matthew Bellamy no decepciona.
Si has tenido el placer de jugar a la saga Metal Gear Solid, estarás de
acuerdo conmigo en que 'The Globalist' es una canción perfecta para la
banda sonora del videojuego estrella de Hideo Kojima. Un trágico
western que respira el mismo aire del desierto que Knights of
Cydonia y que recuerda a los versos de Natural Selection y a la estructura
de Citizen Erased mientras nos cuenta la historia de un dictador
que a base de ataques nucleares se acaba quedando solo en el mundo,
“no quedan países por los que luchar ni conquistar, creo que los he
destruido todos”. Una obra maestra absoluta tras la cual solamente
nos queda 'Drones', un experimento del señor Bellamy donde se
atreve con unos cantos gregorianos para descansar toda la ceniza que
ha dejado un disco cargado de una pirotecnia que hará retumbar a todo el
planeta durante su gira mundial.
Ash vuelve al mundo de los LPs con un
disco que supone un explosivo cóctel 'on the rocks' impregnado de un
olor a sal marina que te querrás beber más de una vez este verano.
Hay promesas rotas que saben a dulce
sangría en una tarde de verano. El trío de Ash juró que tras
lanzar Twilight of the Innocents (2007) se concentrarían únicamente
en lanzar singles. Luego llegó el milagro de A-Z Series con el que
realizaron la proeza de lanzar 26 sencillos a lo largo de un año de
una calidad que alcanzaba el nivel máximo de la banda. El listón
estaba alto pero la resaca también era muy grande, sobre todo
teniendo en cuenta que su líder, Tim Wheeler, se había dejado hace
poco todas sus fuerzas en el precioso tributo a su padre que lanzó
en forma de un disco en solitario titulado Lost Domain.
Con una media de edad que no llega a los
40 años, era difícil que la banda colgara las botas y muy fácil
que optasen por lanzar una propuesta fresca para abrir las puertas de
la etapa estival y reiniciar un poco el sistema. Kablammo! se mueve entre la sencillez, el
minimalismo y el sonido más auténtico de la banda. Comienza sudando
con la breve 'Cocoon' y la poderosa 'Let's Ride' para regalarnos un beso
desde la nostalgia con 'Machinery', un tema que nos devuelve lo mejor del
sonido meloso entre guitarras que se gestó con aquel 1977. La voz
casi susurrada de Wheeler en 'Free' es un dulce sedante antes de 'Go!
Fight! Win!', un pinchazo que parece importado de aquel incendiario
Meltdown con el que se despidieron de la guitarrista Charlotte Hatherley.
'Moondust' es una sobrecarga de
'violineo' que empalaga tanto como un donuts de chocolate en la
sobremesa de un día de playa, pero el western instrumental de 'Evil
Knievel' es una muestra más de cómo molar de la hostia sin ser un
grupo de soplagaitas, a la vez que 'Dispatch' parece continuar esa senda
desértica del salvaje oeste cuando el disco ya alcanza su atardecer. En el momento en el que se va ese destello reflejado en las guitarras rápidas de Mark Hamilton y Tim Wheeler es
cuando Kablammo! pierde su pólvora para descansar las manos en el
piano de 'For Eternetity' y la caja de ritmos del baile de graduación
de 'Bring Back The Summer'. De igual modo, con su séptimo LP Ash vuelve
a convertirse en la banda sonora perfecta de nuestros veranos. Esos
en los que las doce horas de sol abrasador merecen la pena para
reposar nuestras cabezas en las noches de temperatura ideal y
amores efímeros.
La banda danesa de Jonas Bjerre vuelve
seis años después para fascinar con una falsa timidez atómica
de melodías preciosistas y épicas, convirtiendo a este + - en uno de
los mejores discos del año.
Mew es el secreto mejor guardado que
sus fans quieren (queremos) seguir manteniendo escondido debajo de la
cama para recurrir a él cuando la melancolía aprieta fuerte.
Capaces de reventar estadios y generar singles de sonidos placenteros
para el oído contemporáneo, la banda de Jonas Bjerre refleja su
personalidad tímida pero robusta en sus canciones. Tras el
sobresaliente trabajo de No More Stories..., nos llega + - tras seis
años de elaboración y crianza con el que han conseguido resultados
óptimos y además han recuperado a Johan Woblert, el bajista
original de la banda.
Escucha 'Satellites' y prepárate para
recibir una fiebre pre-orgásmica emitida por su baile de guitarras,
producción exquisita y melodías preciosistas. El chute frenético
llega con 'Witness', un tema de esos que levantan brazos en el público
de un festival, y recibimos una brisa fresca con 'The Night Believer',
dueto pop con la cantante Kimbra que se convertirá en el tercer
single en unos pocos días. 'Making Friends' recuerda inevitablemente a
la aplicación que lanzó Mew con la marca B&O Play en la que
podíamos diseminar los sonidos de una de las canciones más
exquisitas de los últimos años.
La voz de Jonas Bjerre da un paso al
frente que no había dado en anteriores trabajos, siendo el ente
protagonista en cada tema a pesar de genialidades instrumentales como
la sólida intro de 'My Complications'. En 'Water Slides' encontrarás lo
que buscabas del líder de esta banda danesa, una delicadeza y
sutileza en sus agudos que abrazan cada esquina de tus sentidos
auditivos para acompañarte hasta un tridente final de fuegos
artificiales que hacen de este + - un álbum perfecto. 'Interview The
Girls' es una noria de bellas luces y noches mágicas, pero la
que realmente destaca de los créditos finales es 'Rows', un tema épico
al más puro estilo de Mew donde convierten el dolor en una historia
épica increscendo con versos, estribillos y puentes que batallan
por convertirse en la mejor melodía de un tema de más de 10
minutos.