lunes, 30 de noviembre de 2009

Muse, Palacio de los Deportes de Madrid 28.11.09

¡Mira arriba, son Muse!


Enormes. Aparecieron subidos en enormes cubos, levantaron a toda la grada, pusieron a levitar al público de pista, elevaron su sonido a la enésima potencia e hicieron eco del dicho ‘de Madrid al cielo’. Con Muse es posible tocar las nubes de una noche otoñal. Con uno de sus setlist más enérgicos y cañeros, trajeron uno de los conciertos más gordos del año.


Tras la larga cola otoñal, para algunos desde la noche anterior, el público entro al Palacio de los Deportes para encontrarse con la primera sorpresa de la noche: Tres enormes torres de tela plantadas en el escenario. Para cuando se apagaron las luces los gritos eran ya ensordecedores al ver como se encendían las ventanas de esos edificios, y como personas a un ritmo robótico las subían para finalmente caer. La estupefacción llegó cuando esas torres de tela cayeron al suelo y lo que había dentro eran los tres integrantes de Muse, cada uno encima de un cubo y debajo de otro. En las caras de cada uno de estos cubos una pantalla que alimentaba más el espectáculo.


Allí estaban ellos. El prodigio musical Mathew Bellamy con una estética totalmente futurista iluminaba con un láser circular al público al ritmo de Uprising, una canción más obligada que predecible, cuyo título no podía dar más el pego para una aparición tan ascendente.


Escondido por debajo y detrás de los cubos estaba un hombre rubio que suponía un gran apoyo para esta música de estadios. Percusión, teclado y cualquier tipo de arreglo corría de su cuenta para que a cada canción no le faltase de nada.


La gente ya no pisaba el suelo. Tras cantar alegres el estribillo de Resistance, para luego ponerse a bucear en New Born no sin antes coger mucho aire, porque este tema brilló como nunca, por su actuación y por el público.


Los cubos ya habían descendido y Muse estaba a ras de escenario. Parecía que todas las bombas habían detonado y aún estábamos en la tercera canción. Encima aún quedaba lo mejor por llegar. Todos eran super-temas, cañeros e imparables, pero la gente no cesaba en saltos, desgañitarse y sacrificar su cuello por causas como la magnífica MK Ultra, una de las que mejores sonaron del nuevo disco, o Hysteria. Otra de las grandes sorpresas de la noche es que utilizaron Nishe, una cara b de Unintended, como introducción de United States of Eurasia. Durante la cara b instrumental, casi rareza, en las pantallas aparecían fotos en blanco y negro de fans de Muse, fruto de un concurso en el que la banda ofrecía a los fans enviar su foto para ser publicada en las pantallas durante su gira.


Cubos arriba y con un piano de cola con tapa transparente y luces que seguían las melodías que pulsaba Bellamy con sus dedos, Muse se animó con Feeling Good, una de las mejores del concierto por la limpieza de su sonido, positividad y elegancia. En los cubos, imágenes de pétalos rosas cayendo, recordando al videoclip. En el Palacio, la gente en las gradas permanecía de pié, y así se quedarían durante el resto del espectáculo.


Los cubos volvieron a bajar. Las luces se apagaron. Pero, ¡wow!, el cubo de en medio volvía a subir y además era giratorio. Ahí estaban el batería Dominic Howard y el bajista Chris Wolstenholme compartiendo espacio y un pedazo de jam que hasta se me cayeron los pantalones (literal).


Yo personalmente poco más le podía pedir a este concierto. Mathew salió para ponerse en una de los brazos laterales del escenario con su guitarra-teclado para tocar su nuevo single, Undisclosed Desired, tema electrónico que no todos reciben con alegría. Pero después de ultra-brillar con súper éxitos como Starlight, la siempre siempre espectacular y perfecta Plug in Baby o la irrefrenable Time is Running Out, Muse enchufó un tema de su último disco al que nadie se atrevió a decir que no porque sonó de las mejores: Unnatural Selection. Que fuerza, que potencia, que infatigable banda de tres tíos pegándole sin parar con una pasión que poseía al público a pesar de sus cuerpos exhaustos.


Sin duda era el momento de una falsa despedida para descansar un poco. Pero la gente estaba acelerada, sus corazones habían cogido un ritmo que solo un infarto es capaz de parar, así que coreaban el nombre de Muse, pedían más. Y así fue, pero la banda salió con clemencia y un piano para interpretar Exogenesis, una de las tres sinfonías que cierran el último disco. Los ojos de los asistentes quedaban contemplativos, sus pulmones intentaban respirar hondo, miraban que sus acompañantes seguían cerca y sonrientes. ¿Todo controlado? Pues tomad un Stockholm Syndrome para terminar de romper los cuellos y reventar las piernas que aún tenían esperanza de volver a caminar.


Al terminar semejante muestra de poderío, el bajista aparecía bajo una luz blanca soplando en una harmónica un tema muy western para introducir el gran broche final: la épica y marciana Knights of Cydonia, donde ya la gran mayoría del público consciente de que esto se acababa, se dejaba la piel, la voz y el alma en una noche de sábado.


A mitad del concierto Dom Howard plantó encima del bombo de su batería una bandera de España en la que unos fans escribieron: Muse, you electrify my life. No podría haberlo dicho mejor.


A modo anecdótico: En la entrada del Palacio habían carteles que avisaban de que en el concierto el público podía ser grabado por vídeo y audio (de hecho junto a mi se plantaron dos tíos, uno de ellos con una cámara enganchada a una barra, que graban el concierto desde el punto de vista del publico de pista, pero pronto abandonaron por la locura almacenada en la zona). Lo gracioso es que el cartel advertía de que tu voz podía ser doblada. Es que en estos conciertos hay mucho desafine en las voces, es natural.


Sala 2.5 Sigo sin identificarme con los conciertos de estadio. Lo único bueno es cuando la orgia de sudor y empujones te sienta bien y te dejas arrastrar por ella, lo malo es que no te apetezca ese intercambio de fluidos.


Público 2 En la cola un infierno. La mayoría era un publico joven, primerizos universitarios, pero el problema no es la edad, es la falta de educación responsabilidad. Que se te cuelen, que te vomiten encima por la mezcla de marihuana y alcohol indebida, que se apoyen en tu espalda o te claven los pinchos de su muñequera fue su manera de hacer amigos.

Teloneros 2.5 Imaginaros a Foo Fighters pero cabreados. Pues eso fueron los teloneros Biffy Clyro, leña monotemática que aunque le mete caña a la noche se llega a hacer pesado.


Setlist


1.Uprising

2.Resistance

3. New Born

4. Map of the Problematique

5. Supermassive Black Hole

6. MK Ultra

7. Interlude

8. Hysteria

9. Nishe

10. United States of Eurasia

11. Feeling Good

12. Guiding Light

13. Helsinki Jam

14. Undisclosed Desires

15. Starlight

16. Plug in Baby

17. Time is Running Out

18. Unnatural Selection

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19. Exogenesis: Symphony Part 1 [Overture]

20. Stockholm Syndrome

21. Knights of Cydonia


Imagen y sonido: Mezken

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viernes, 27 de noviembre de 2009

Los mejores discos de la década 2000-2009


Pitchfork, un portal estadounidense de música independiente ha publicado su lista de los mejores álbumes de la década 2000-2009 que esta a punto de finalizar. El ganador ha sido el Kid A de Radiohead, ya no tan solo por ser uno de los discos más inspiradores en el nuevo milenio, o por las ventas, o por la afamada crítica. Las razones que propone el medio americano son la manera en la que Kid A representa una nueva era de tecnología, que supuso una comunicación confusa entre las personas, la impotencia de poder tener acceso a toda la información mundial pero no tener el poder suficiente para cambiar el mundo. Este giro a la electrónica decepcionó a muchos fans de la era rock de Radiohead, pero tarde o temprano terminaron abrazando esta nueva propuesta.

Pitchfork lo cataloga como, "un álbum brillante creado por una de las mejores bandas rock". Preciosas melodías, arreglos inesperados y ritmos complejos, "ningún otro disco ha captado el sentimiento complejo de la nueva era de manera tan elegante y bella", concluyen desde Pitchfork.

Recuerdo que yo empecé a conocer a fondo a la banda de Oxford poco antes de que sacasen este disco. Escuche canciones como Creep, My Iron Lung...y me gustaban, estaba casi convencido de que ese era el gran descubrimiento. Corría la voz, a mi familia, amigos... de que había encontrado algo grande. Pero entonces vi un vídeo de National Anthem en directo (uno de los temas principales de este Kid A) y no pude con su escandaloso ritmo, estaba confundido y poco dispuesto a comprar sus discos.

Pero entonces llegó una mañana de reyes, 2001 si no recuerdo mal, y los señores de Oriente me trajeron este disco tras haber oído mis caducadas plegarias. Yo no estaba muy convencido por el encontronazo con National Anthem y por ese anuncio que se emitía en la MTV sin nada de música, y que solamente decía: "Kid A...el disco más pesimista de Radiohead". Igualmente le di una oportunidad, por ser un regalo y por ser música. Me lo puse en el discman y caminaba por casa escuchándolo. Me daba miedo, nunca me había topado con algo así, algo tan poco comercial y tan puro. Una vez pasado el miedo y mis ojos se adaptasen a la oscuridad, caí preso de irrepetibles temas como Ideoteque, estuve a punto de llorar con How to Disappear, y se me hinchaba el corazón con Optimistic.

Si no lo habéis escuchado, darle un tiento porque os puede cambiar incluso la percepción musical. Es un álbum muy inspirador e hipnotizante.



La lista de los 200 mejores discos de la década según Pitchfork

jueves, 26 de noviembre de 2009

Ash - Arcadia

Nuevo vídeo de los norirlandeses Ash con motivo de su tercer single en su serie A-Z Singles, una original idea que consiste en lanzar 26 singles entre este año y el siguiente. Arcadia es su single D, una canción muy pegadiza con un vídeo pensado para los fans del popular juego de recreativa Space Invaders.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Gemma Hayes, St.Collumbs Hall de Derry 21.11.09

Música a prueba de apagones

Una ciudad norirlandesa llamada Derry. Un enorme apagón. Un milagro. Un concierto. Gemma Hayes. Una noche mágica. La historia de un concierto que pasó de no existir a mostrar toda la dulzura de una de las mejores músicas irlandesas hoy en día.

Llegamos a Londonderry la misma tarde que Gemma Hayes actuaba. Para nuestra sorpresa, esta ciudad de 100.000 habitantes se había quedado sin luz hacía unas horas. ¿Qué pasa con el concierto? Los irlandeses son expertos en música y en milagros, por lo que la luz volvió justo para una rápida prueba de sonido y poder empezar el concierto a eso de las 9.

El lugar se llamaba St.Colums Hall, un frío teatro que recordaba a aquellas actuaciones infantiles teatrales de colegio, “me dan ganas de ponerme a bailar”, confesaba Hayes imitando un baile de tacones. Hacía mucho frío dentro, las butacas (ocupadas por un discreto público que no llegaba a 100 personas) permanecían oscuras ante la mirada de Gemma Hayes, “es extraño que vosotros podáis verme a mi pero yo a vosotros no”. La simpatía y humor de esta artista abría cada una de las canciones, pero nunca perdía la concentración para lo que se había subido al escenario: cantar y tocar.

Empezó calentando la sala con tres temas de su segundo álbum, The Roads Don't Love You. Era ella, su acústica y un apoyo de guitarra eléctrica que le proporcionaba un hombre llamado Joe, escondido bajo un gorro blanco. Los ‘endings’ de cada canción eran espectaculares, y a Hayes se la veía disfrutar con cada uno de ellos ya que no paraba de sonreír mientras le daba a la guitarra y taconeaba con un pie.

Siguió con dos temas de su primer álbum. Al tema de espíritu grunge Let a Good Thing Go le dio una vuelta acústica muy interesante, y con 4:35am nos contó una historia de amor a altas horas de la madrugada con el puntillo y en un coche, “algo que no es muy seguro”, añadía Hayes.

Lleva meses trabajando en su próximo álbum, por lo que era evidente que pondría a prueba una de sus últimas piezas como la deliciosa Waiting for you, la extrema romántica Shock to the System y la genial Tokyo con un final rompedor. Esta chica lo tiene todo: Buenas canciones, unas letras salvajes sin cautividad, un absoluto control con la guitarra, y la voz más dulce que se puede oír ahora mismo. ¿Qué le falta a esta nominada en los prestigiosos premios Mercury? Fama. Si la logra o no es por cuestiones de promoción, pero la calidad musical está ahí y no parece cesar tras el pedazo de disco que sacó con Hollow of Morning, indispensable.

De este último disco lanzó algunas en el concierto como In Over my Head, que sonó como nunca, o Chasing Dragons, que paralizó toda la sala, hasta el punto que daba miedo respirar ante una canción tan profunda y abrumadora.

Realmente su último trabajo es Oliver, el EP que se vende en formato electrónico y del cual Hayes tocó el tema homónimo y la versión de Jackson Browne These days en los bises.

Como en el anterior concierto al que pude asistir (allá por el 2006 en Londres), Hayes dedicó un tiempo tras su actuación para fotos, autógrafos y charlas con los que disfrutaron de una noche mágica de verdad.

Tuvo dos teloneros, pero me quedo con Ann Scott. Con su perfil triste y asustado, tocó con la acústica algunos de sus temas, “no me fío nada de lo eléctrico hoy después del apagón”, decía la artista. Me recordaba un tanto a Sol Seppy, una música que se mueve tras una neblina oscura, de melancolía y dolor asimilado. A veces se le iba un poco la voz, supongo que por la complejidad a la hora de concentrarse en los cambios rápidos de acordes, por lo que suena mejor e incluso más positivo en estudio por lo que he podido comprobar. No es exactamente el ideal de telonero para animar la entrada de cualquier artista, puede agotar a aquellos que no toleren demasiados grados de música sombría. Colaboró en algunas de las canciones de la actuación de Hayes como en la percusión 4:35am o el metalófono en Oliver.

Solamente espero que no pasen otros tres años hasta que pueda ver a Gemma Hayes otra vez, porque cada vez que veo una de sus actuaciones me doy cuenta de lo que me estoy perdiendo y es mucho. Su música es inagotable y no agota. Estaremos pendientes de su próximo álbum para la primera mitad del año que viene.

Sala 4 Un teatro con butacas y buena acústica. ¿Qué más se puede pedir para un concierto básico? Fallaba quizás la iluminación y sobre todo la temperatura, que tenían a los músicos y público helados.

Público 4 Participativos, respetuosos y con buen sentido del humor. Gemma Hayes decía que estaba demasiado callado, que se echaba en falta el sonido de botellas y vasos. No faltó más para que todos aquellos que tenían una bebida chocasen sus vasos y botellas para provocar varias carcajadas tanto en el escenario como en los asientos.

Teloneros 4 Fueron dos artistas irlandeses para quitar el hambre y entrar en contexto. Algo tímidos pero cumplieron.


Setlist

1. Easy on the eye
2. Happy Sad
3. Nothing Can
4. Let a good thing go
5. 4:35am
6. Waiting for you
7. Shock to the system
8. Back of my hand
9. In over my head
10. Chasing dragons
11. Tokyo
12. Oliver
13. Out of hands
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14. These days

Imágen y sonido: Mezken

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martes, 17 de noviembre de 2009

Gracias por fumar (2006)

Malditas smart movies


Si no existe el término yo lo invento. Smart-movie: Dícese de esa película en la que el protagonista es un listillo que se le da bien hacer algo que tiene un punto de inmoral, lo que le mete en situaciones complicadas pero que finalmente termina en un inmenso éxito, y un polvo con la más guapa del reparto.


Para protagonizar este tipo de films, es requisito imprescindible ser un 'George Clooney' con dientes blancos, cejas arqueadas e ir siempre con traje o en su defecto perfectamente peinado. Hablar lo más deprisa posible es también un punto a favor, así parece que tu mente piensa más rápido y que los guionistas son unos genios a los que solamente les hace falta chasquear los dedos para sacar un buen dialogo o un giro argumental.


Siendo los creadores de Juno, me esperaba algo más original y entretenido. Pues ni siquiera es eso, y es que antes de terminar la película ya te olvidas de ella. Gracias por fumar es una jaula de guaperas republicanos que ensalzan el buen hacer de Estados Unidos y su envidiable capacidad de corregir sus errores. No tengo nada contra Aaron Eckhart, de hecho es bueno a la hora de hacer su papel de siempre como el de encantador maduro trajeado que consigue cualquier mujer que se proponga, pero aunque la película trata en su totalidad sobre su personaje, no logra siquiera que su carisma haga merecer la pena semejante peñazo predecible.


Un hombre smart (un listillo) que revoluciona el mundo por sus actos en una empresa/partido político/asociación/equipo es un género ya muy visto, con tanto maquillaje que resulta evidente desde el principio que la cinta no tenía gancho para hora y media.


El tema de las tabacaleras da para muchos guiones, debates y libros. Yo diría que demasiados en algunos casos, y Gracias por fumar es uno de ellos.


lunes, 9 de noviembre de 2009

Camera Obscura, Sala Heineken de Madrid 08.11.09

Descubriendo el norte musical británico


Vinieron para presentar su nuevo disco y con ello trajeron dos teloneros que amenizaron, y mucho, la noche. No consiguieron conectar del todo con el público, tuvieron algún que otro problema de sonido, pero consiguieron sacar un concierto entretenido en una noche en la que se pudo saborear la calidad musical que tienen los músicos del norte de Gran Bretaña.


Ha pasado mucho tiempo desde que estuvimos la última vez en Madrid”, dice Tracyanne Campbell, cantante de Camera Obscura, a lo que un chico del público añade, “¡sí!, ¡tres años!”, y ella recuerda, “sí, tres largos y depresivos años”.


Este es el retorno de los escoceses Camera Obscura a territorio felino (Madrid). Lo primero, presentar el nuevo álbum con el tema que le da título, My Maudlin Career, Swans y uno de los mejores de este último título y de las que mejor entonaron el concierto, Honey in the sun.


Vuelta a los clásicos para los nostálgicos de la banda. Porque Camera Obscura es un grupo que enamora por las memorias que sus fans enlazan con momentos del pasado, es esa clase de música que si la dejas entrar como banda sonora de alguna etapa de tu vida, se tatúa de manera eterna. Pues eso: Teenager, un recuerdo de el amor adolescente


Pero la portada del último disco como fondo de escenario lo dejaba claro, estaban aquí para promocionar el nuevo álbum, así que volvemos al mismo con The Sweetest Thing y otra de las más molonas de la noche, French Navy. Sin perder la dinámica, se dan un paseo por su anterior disco, Let’s Get Out of This Country, con Tears for Affairs.


En esta mitad del concierto, Camera Obscura hace una parada en una laguna de calma, guitarra acústica para la cantante, baquetas de escobilla para la batería y temas como el Pen & Notebook de su primer disco y James, del último, para terminar esta etapa de relajación con Come Back Margaret, de las que mejor sonaron una vez que por fin la cantante solucionó sus problemas de micrófono y pinganillo (estuvo quejándose al técnico de sonido hasta entonces).


Terminada la presentación formal del último álbum, los escoceses se acomodaron en su anterior disco con la homónima Let’s Get Out of This Country, la marchosa If Looks Could Kill, que supuso uno de los mayores clímax de la actuación y, como no, Lloyd I’m Ready to be Heartbroken, el himno que la mayoría esperaba con impaciencia.


Despedida artificial para volver con los bises 80’s Fan y la obligadísima Razzle Dazzle Rose, que es ya una tarjeta de presentación de la banda, su principio y su fin, con un final apoteósico donde Campbell se dejó el brazo con la tralla final, aguantó como una campeona.


“Volver a Madrid es como volver a casa pero como si alguien hubiera movido los muebles, no se”. Con estas palabras, y expresando su deseo de volver lo antes posible se despedía Tracyanne Campbell y su banda tras un concierto quizás más técnico y menos cálido de lo que me esperaba de este grupo de seis músicos cuya música esta llena de amor. Ella, Campbell, parecía una chica seria y competitiva, fue difícil sacarle alguna que otra sonrisa con las palmas del público de Madrid y algún que otro animado comentario.


Hubo teloneros, sí, y por partida doble. Primero The Starlets, un grupo muy majo de Glasgow, que aparecieron con una distribución de seis músicos como la de Camera Obscura pero con una paleta de colores más variada que el grupo al que ibamos a ver esa noche. Después de su actuación ya pude decir que había estado en un buen concierto. Hasta tocaron una polca. El cantante no tenía desperdicio, hablando siempre en español y bromeando con el público, un tío grande con zancos en los pies. “Esta es la canción favorita de mi madre, así que se la dedico a ella aunque no está aquí, esta en Glasgow”, dijo lanzando un beso al aire en una de las declaraciones más humanas y adorables que he visto hasta ahora por parte de un músico.


Camera Obscura vinieron también acompañados de Magic Arm, un hombre misterioso con una gorra que ponía ‘Nixon’. Cantante de electro-funk que acaba de lanzar su primer álbum, se lió un poco a la hora de tocar tanto instrumento (guitarra acústica, teclado, armónica…) para pregrabarlo y seguir tocando, a lo KT Tunstall u otros artistas que deciden este ‘yo me lo guiso, yo me lo como’. Tocó algunos de sus temas encantados como Six Feet of Ground o Daft Punk is Playing at my House, pero le costaba terminarlos, debido quizás a un escaso rodaje en directo. Igualmente estuvo decente y bromeó acerca de su dificultad a la hora de terminar las canciones en directo con, “estoy leyéndome un libro sobre como escribir canciones pero me falta leer la parte final”.


Sala 3.5 Quizás el escenario se quedase algo pequeño para grupos con 6 miembros. Hubo problemas de sonido con Magic Arms y Camera Obscura, aunque eso no corra cuenta de la sala en sí sino de los técnicos de sonido que traen ‘de por ahí’.

Público 3.5 “Demasiado tranquilo para ser un público de Madrid”, decía la cantante de Camera Obscura. A mi me parecieron respetuosos y con ganas de disfrutar del concierto, aunque no pareciese que fuera el que más esperaban todo el año.

Teloneros 3.5 Estupendos en directo, sobre todo The Starlets, da gusto tener este tipo de aperitivos cuando toca esperar dos horas antes de que entren los artistas a los que has venido a ver.


Setlist


1. My Maudlin Career

2. Swans

3. Honey in the sun

4. Teenager

5. The sweetest thing

6. French navy

7. Tears for affairs

8. Pen & Notebook

9. James

10. Come Back Margaret

11. Let’s get out of this country

12. If Looks could kill

13. Lloyd I’m ready to be heartbroken

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14. 80’s Fan

15. Razzle Dazzle Rose


Foto&Vídeo: Mezken


Razzle Dazzle Rose:

domingo, 8 de noviembre de 2009

New Worlds [Charlotthe Hatherley]

Dulce guitarra roquera de mujer


La ex guitarrista femenina de Ash vuelve a colgarse la guitarra para crear el tercer disco de su ya rica discografía. Dulzura, velocidad y un corazón de rock es todo lo que necesita Charlotthe Hatherley para escribir estos 10 temas en New Worlds, una declaración de intenciones de una de las mejores guitarristas del momento.


Curtidísima y criada entre guitarras, Hatherley comienza su nuevo viaje con White, una majestuosa pieza en la que combina una voz dulce, una guitarra con una pizca de distorsión, y unos rítmicos bajo y batería. Una delicia de primera toma de contacto, pero esto solamente acaba de empezar.


Los terceros discos suelen ser una simbiosis con primero y el segundo. Junto con el primer tema y luego seguido de la balada enérgica Alexander se puede decir que Charlotte entra suave con un estilo más propio del segundo álbum, pero esta chica tiene un corazón de rock & roll, muy entrenado en su larga etapa con los norirlandeses Ash. Por eso vuelve con Straight Lines a la tralla del primer álbum, un tema que a mi personalmente me recuerda mucho al sonido de los británicos (ya separados) Mansun por sus efectos de guitarra, rápidos cambios de acordes y el estribillo. La manera en la que esta chica canta los versos mientras su rock se mueve con soltura de fondo es una gozada.


Más velocidad con New Worlds, una cosa frenética. Este tema que da título al álbum es una autentica declaración de, ‘me he ido de Ash pero sigo aquí y quiero seguir metiendo mucha caña’. Hatherley siempre dijo que donde más sexy se siente es en el escenario con su guitarra. Es una de las mejores mujeres guitarristas del momento, y lo está demostrando en cada uno de sus discos.


Firebird es una simpática canción, como una fiesta secreta y submarina de juguetes que Hatherley retrata con sus voces, piano y sonidos varios una historia de la huída del frío invernal y la preocupación.


Vuelta al rock & roll con Full Circle, con un rock agresivo y sucio como una carretera del desierto. La manera en la que combina su dulzura con esa ligera agresividad es lo que hace a esta chica más respetable cuando se cuelga una guitarra y firma un disco como este. No me imagino a esta chica envejeciendo.


Hatherley va terminando la etapa de alta velocidad en este disco con Little Sahara, y no podía ser de menor manera. Con unas guitarras y batería muy indie-rock contemporáneo, la guitarrista interpreta de manera excitada y sublime uno de los estandartes de este New Worlds, desde los versos, hasta el pegadizo estribillo hasta el puente final donde Hatherley termina de dejar claro que ella es el perfecto ejemplo de la chica guitarrista ideal. Este tema es para sudarlo.


Con Colours, la artista va destiñendo ese imparable foco energético de alguien que ha decidido mantener una línea roquera pese a su compleja ejecución. El bajo y batería le dan una robustez que la guitarra de la londinense termina de rematar.


Ya de lleno en la calma, Cinnabar es una de las más bellas canciones que Hatherley ha escrito en su carrera. Con arpegios de guitarra y su dulce voz es prácticamente todo lo que necesita para un tema que ya era perfecto en su base, pero el bajo, la batería y el metalófono le hacen un arreglo muy bonito. El tema se rompe en una apoteosis final que deja a uno la boca abierta.


Wrong Notes, y no por su título, no tiene el carácter suficiente para cerrar un disco de Charlotte Hatherley. Pega más como una canción bonus que los músicos meten a veces al final de sus discos pero no figuran en la lista de tracks. Un tema bonito y experimental igualmente, que cierra un disco breve pero claramente intenso.


Más abajo el vídeo de White. Es una auténtica chulada porque esta grabado marcha atrás, por lo que la artista tubo que aprenderse la canción al revés tanto letra como guitarra. No tiene desperdicio.



martes, 3 de noviembre de 2009

El Imaginario del Doctor Parnassus (2009)

El último milagro de Terry Guiliam


Tras los quebraderos de cabeza que le supuso a Terry Gilliam la película (aún en proyecto) The Man Who Killed Don Quixote, el director americano no sabía lo que le esperaba en su próxima película: La muerte de su actor protagonista, Heath Ledger. Nada que la imaginación y la pasión por terminar una película que homenajea al fallecido actor no puedan remediar y lograr un maravilloso resultado.


El Imaginario del Doctor Parnassus es una de las películas más ambiciosas y más sinceras el director. Almacena todo su estilo y potencial imaginario, por lo que la dramática muerte de su protagonista fue salvada de manera épica.


La historia trata sobre un espejo donde la gente puede entrar y ver sus sueños hechos realidad gracias a los poderes del Doctor Parnassus. Pues bien, cuando Ledger falleció, quedaban por grabar las escenas del mundo imaginario ya que, como pasa normalmente, se dejan para el final las escenas que requieren edición informática y efectos especiales. Gilliam contó con la colaboración de Johnny Depp, Jude Law y Colin Farrell para ser los Heath Ledger dentro del mundo imaginario. ¡Voila! Si nadie te dice que Ledger falleció en mitad del rodaje nunca te darías cuenta.


Pero el film no solo son recursos pseudo-mágicos, actores de alto nivel y mundos de fantasía. Es una de esas historias en las que la imaginación y los sueños salvan a los personajes de hundirse en el mundo putrefacto en el que Gilliam suele situarlos. El Doctor Parnassus, el actor Christopher Plummer (Up), recorre varias ciudades con su cabalgata para ofrecer funciones y fascinar al público con su Imaginario. Le acompaña el diminuto actor Verne Troyer (Austin Powers) su hija de extraño atractivo, la actriz y modelo Lily Cole; y Andrew Garfield (Leones por corderos). El reparto de lujo se cierra con los 4 actores que interpretan a Tony, y aunque Colin Farrell sigue sin levantar cabeza, cumple en su papel.


Gilliam busca exprimir toda la imaginación, belleza y fantasía que se puede sacar de un mundo tan real y cruel como puede llegar a ser la vida misma. Desde Las Aventuras del Barón Munchaussen no nos llevaba el director a un viaje tan fascinante, complejo y ambicioso. Una gran producción de caricias visuales, interpretaciones teatrales, y una historia conmovedora.


El director vuelve a los orígenes para colgar en los cines un tipo de película fantástica muy difícil de encontrar hoy en día.



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