Lo que ha unido la música
que no lo separe el hombre
Joan Wasser y Benjamin
Lazar Davis han demostrado que conocerse fue una gran suerte y
trabajar juntos un enorme acierto. El británico y la norteamericana
se ponen el mono de trabajo a favor de una ingeniería rítmica
inteligente, un pop que escriben con letras de oro, un minimalismo
generoso y unos recursos frescos que les permiten disfrutar de su
trabajo sin olvidarse del oyente.
Hijos del grunge noventero
y de la versión más desenfadada de Police, Feeder vuelve cuatro
años después de su último LP con un noveno disco tricolor que
combina el zumbido de una avispa incansable con la calma fruto del
retiro espiritual de Grant Nicholas.
El miércoles pasó por Madrid la gira de Brit
Floyd, un show que se convirtió en algo más que un espectáculo de
luz y sonido para nostálgicos que hemos crecido mecidos entre los
teclados y cuerdas de Pink Floyd gracias al virtuosismo, ingeniaría
sonora y puesta en escena de un proyecto que permite revisitar un
fenómeno musical en directo que la historia del rock sigue
atesorando con letras de oro.
Mi historia con las bandas tributo es
variopinta. Sí, en Finlandia enloquecí con un cuarteto que se hacía
pasar por Nirvana, vi a señoras y chavalas emocionándose por igual
escuchando la Sweet Child O' Mine que salía de los dedos de la banda
tributo a Guns N' Roses y flipé en colores con los camaleónicos
Brit Awards cuando versionaban a Muse, Coldplay, Franz Ferdinand y
otros grandes de la música británica del momento. No termina ahí,
porque este año en Irlanda conocí a la reencarnación de Jim
Morrison en un pub irlandés que se convirtió en un espacio onírico
durante varias horas y me sentí algo mayor con los Red Hot Copy
Peppers y sus versiones descafeinadas.
Es un camino que decide tomar un músico
devoto a una banda con la frustración de no sentirse capaz de
escribir canciones que superen el trabajo de sus ídolos. A pesar de
que a veces puedas tener la sensación de estar presenciando un
cadáver musical con peluca, divierte a la gente y les transporta a
recuerdos que creían olvidados. Así nacen bandas tributo como Brit
Floyd, que se personó el miércoles en el Barclaycard Center de Madrid con
un cerdo gigante volador y el eslogan de ser el show tributo a Pink
Floyd más grande del planeta.
Al margen del caballero de pelo
oxigenado y moreno de albañil que esperaba la llegada de los músicos
tumbado en la pista junto a un mini de cerveza marcándose un solo de
air-guitar cuan ataque epiléptico a cámara lenta, poco queda de
aquel destape mental acelerado con LSD de la década de los 70 que
retrató tan bien el cineasta Jean-Marc Vallée en el film C.R.A.Z.Y.
hace once años. Las camisetas negras con el símbolo de The Dark
Side of the Moon apenas disimulaban las canas y la alopecia, pero
también se dejó ver un tímido sector veinteañero entusiasmado con
el rock progresivo de Nick Mason, Roger Waters y compañía.
Fue un espectáculo de luz y sonido que
cumplió su función durante casi tres horas de concierto a pesar de
que al finalizar el mismo salió la típica frase entre el público
de que “se han dejado muchos temas”. El Barclaycard Center llenó
la mitad de su pista con melómanos que levantaron la voz y los
brazos especialmente con temas como Another Brick in The Wall, que despertaron el espíritu reivindicativo de aquel hombre que salía de
cambiarle el agua al canario gritando, “¡hay que romper el muro!”.
La puesta en escena fue algo teatral
con imágenes en la pantalla circular que alimentarían la psicodelia
de los sueños que tendrían esa noche los allí presentes y con
recursos como el cerdo gigante que se asomaba enloquecido desde el
costado de uno de los escenarios mientras la banda daba el resto con
Pigs (Three Different Ones), así como la inmensa bola de disco que hicieron
brillar al final del show. Brit Floyd son un grupo de ingleses que
sabe muy bien cuidar la ingeniería del sonido de sus ídolos sobre
el escenario. Damien Darlington, el director musical de este
proyecto, logró que los fans más puntillosos asintieran satisfechos
al escuchar sus solos de guitarra, mientras que el percusionista
sacaba pecho cada vez que se colocaba en el centro del escenario para
deleitarnos a todos con su saxofón en temas como Us and Them y
Money.
Sin duda, uno de esos momentos que
hacen que merezca la pena mover el culo y abrir la cartera por la
música en vivo fue cuando Ángela Cervantes, nuestra embajadora
española en este tour mundial de Brit Floyd, se llevó el mayor
aplauso y vítores del público aguantando como una reina los altos
picos vocales de The Great Gig in the Sky. De esta manera, el
espectáculo llegaba a su fin con las monedas y las guitarras tapadas
de Money para finalmente alzar algún que otro mechero encendido con
Wish You Were Here.
Pocas posibilidades existen de
presenciar un espectáculo en vivo que resucite de una manera tan
notable los clásicos de una banda que ha influido tanto en la
historia del rock. Grupos contemporáneos como Muse y Radiohead siguen bebiendo
consciente e inconscientemente de aquel prog-rock que tantas
camisetas y pósters vendió con el símbolo de un triángulo y un
arco iris. El trabajo más reciente de Pink Floyd fue aquel CD de
música ambient que grabaron en 2014 titulado The Endless River sin
la colaboración de Roger Waters, por lo tanto, recomiendo este show
a todo aquel que quiera revisitar una paleta de clásicos que van
desde aquella intro de guitarra melódica y sintetizadores en Shine
On You Crazy Diamond hasta la psicodelia de Run Like Hell.
Yo tuve la suerte de crecer con esta
música. El recuerdo más lejano que tengo es el de manosear con mis
diminutas manos la preciosa edición en Compact Disc de Pulse y los
vinilos de Pink Floyd que siempre descansaban en los mejores muebles de mi casa, pero sigo soñando despierto con aquellos
viajes nocturnos en el asiento trasero del Ford Scorpio azul que mi
padre llenaba de música cada vez que hacíamos una ruta larga. ¡Viva
el rock-padre, señores!
Los Chili Peppers se atrevieron en su
segunda noche en Madrid con un peculiar setlist que se saltó lo
establecido y le dio velocidad al show apostando por temas de hace
tres décadas y presentando las canciones de su último disco bajo
una oleada de cilindros luminosos que flotaba sobre la pista y el
escenario.
El verano nuboso que pintan Local
Natives en este Sunlit Youth no contiene tantos himnos como en sus
discos anteriores pero vuelven a coger sus guitarras y tambores para
bailar alrededor de una hoguera que les reafirma como uno de los
principales estandartes del panorama musical californiano de la mano
de Nina Persson (The Cardigans) como artista invitada para darle un
toque nórdico y reflexivo a un tercer disco reivindicativo con la
política estadounidense.
Lisa Hannigan vuelve pulida como un
vidrio que ha pasado cinco años en el mar con un disco trágico y
sereno grabado entre las paredes de una iglesia neoyorquina.
A Moon Shaped Pool es el sueño que
Radiohead necesitaba para reponerse de la crisis de fe que ha estado
sufriendo durante los últimos cinco años.
El agujero en la tierra que parecía
estar a punto de convertirse en la tumba de Radiohead finalmente ha
derivado en una piscina con forma de luna en la que nadan cinco peces
mientras los demás admiramos las ondas que producen sus
movimientos en el agua. A Moon Shaped Pool es el disco que ellos
necesitaban y que nosotros necesitábamos para recuperar la fe.
Después de aquel falto y desganado The King of Limbs, Thom York decidió sentarse en la butaca del piano para tomárselo en serio y
trabajar con sus compañeros en un LP que suena más a quinteto que a
solista. Si 'Burn The Witch' no nos terminaba de dar toda la
confianza que necesitábamos cuando vio la luz como primer single,
'Daydreaming' nos enamoró a todos y dejó claro que el CD estaría
dirigido por ese piano de funerales faraónicos que tanto nos
hipnotizó con Pyramid Song. Hasta el videoclip, dirigido por Paul
Thomas Anderson, es perfecto con Yorke abriendo puertas de escenarios
oníricos y sonriendo a la cámara en un par de tomas como queriendo
expresar su satisfacción por el trabajo bien hecho.
A Moon Shaped Pool es la calma de la
exactitud, las melodías mejor destiladas de la banda y un baño en
una piscina de eterna juventud que le ha dado a Radiohead un plus de
credibilidad en un panorama musical que estaba deseando darle la
patada. Hasta nuevo aviso, siguen siendo los reyes en lo que hacen y
lo demuestran con temas como 'Decks Dark', otro gran terrón de
azúcar para soñadores en el que el sonido asciende según converge
el trabajo de los cinco músicos y la London Contemporary Orchestra. Si te gusta ese rasgueo de guitarra blues de Yorke, 'Desert Island Disk' es tu canción, pero
cuando parece que el viaje onírico va a seguir manteniendo nuestro
ritmo cardíaco, el movimiento ocular se vuelve más rápido con
temas como 'Ful Stop'. 'Glass Eyes' compensa y nos vuelve a tumbar en
un río para prepararnos de cara a la canción con el ritmo más
poseedor del LP: 'Identikit'.
'The Numbers' funciona de transición
para el trío final de A Moon Shaped Pool. La guitarra de 'Present
Tense' coge a Thom Yorke en sus notas más agudas mientras que 'Tinker
Tailor Soldier Sailor Rich Man Poor' nos regala una visita de cinco
minutos al espacio más electrónico, misterioso y sombrío de Radiohead.
Para cerrar un trabajo sobresaliente, el quinteto elige darle hogar a
'True Love Waits' en este LP, pero aunque esta nueva versión de estudio se
adapta perfectamente a esta piscina con forma de luna, es inevitable
acordarse de cómo Thom Yorke machacaba las cuerdas de la acústica
en aquel I Might Be Wrong Live Recordings. El amor verdadero espera
del mismo modo que el noveno disco de Radiohead se ha hecho esperar, pero se podría decir sin miedo a equivocarse que los cinco años de
espera han merecido la pena.
Trackslist_
1. Burn The Witch
2. Daydreaming
3. Decks Dark
4. Desert Island Disk
5. Ful Stop
6. Glass Eyes
7. Identikit
8. The Numbers
9. Present Tense
10. Tinker Tailor Soldier Sailor Rich
Man Poor Man
The Getaway es una mala transfusión de
sangre que cambia el funk rock por canciones escritas por el bajista
a piano. A pesar de que han pasado cinco años desde su último
trabajo, la falta de imaginación de los Red Hot Chili Peppers
colisiona con el nuevo productor Danger Mouse y desemboca en un álbum
que parece una lista de descartes de su anterior trabajo que ni
siquiera es capaz de ofrecer un tema lo suficientemente potente para
abrir su próxima gira.
A pesar de los intentos fallidos de
modernizarse con sintetizadores de una biblioteca de sonidos
desfasada, These People nos permite recuperar algo de aquel barítono
que convirtió a Richard Ashcroft en una de las voces más
carismáticas de su generación.
PJ Harvey lanza una comunión de
canciones marcadas por temas socio políticos que, por su similitud a
su anterior disco, hacen que la artista pierda gran parte de ese
factor sorpresa con el que contaba cada vez que decidía animarse con
un nuevo LP. Críticas a la demolición de lo viejo para imponer lo
nuevo y lo caro en un disco que quedará en la memoria como un
cuaderno de viajes de la artista tras sus viajes emulando a un
Hemingway femenino por las ciudades de Afganistan, Kosovo y
Washington DC.
02. The
Ministry of Defence 03. A Line in the Sand 04. Chain of Keys
05. River Anacostia 06. Near the Memorials to Vietnam and
Lincoln 07. The Orange Monkey 08. Medicinals 09. The
Ministry of Social Affairs 10. The Wheel 11. Dollar, Dollar
Yeasayer recoge el estilo que cosechó
en sus dos primeros discos para grabar un disco de una frondosidad
musical que vuelve a llenar a su discografía de luces y colores.
★★★★★
Con su tercer disco, Fragrant World,
Yeasayer perdió a una gran cantidad de seguidores que no vieron con
buenos ojos que este trío de Brooklyn abrazase tanto la electrónica
para introducirnos en una distopía futurista. Aunque en su momento
sacaron pecho con su anterior LP, parece que el grupo formado por
Chris Keating, Ira Wolf y Anand Wilder no han podido evitar darle a
su audiencia lo que lleva echando de menos desde aquel Odd Blood de
2010. No podemos decir que hemos salido perdiendo, ya que Amen &
Goodbye tiene todos los elementos que le puedes pedir a unos profetas
musicales que siempre parecen ir un paso por delante con sus apuestas
arriesgadas pero siempre acertadas. Su cuarto álbum arranca con
claras influencias de los Beatles en 'Daughters Of Cain' y estalla en
su propia frondosidad musical a través de 'I Am Chemistry', el primer
single que lanzaron al mundo para presentar su nuevo trabajo.
'Silly Me' es la hermana de O.N.E. en
cuanto a pop pegadizo de la mano de Anand Wilder. El disco parece una
sucesión de un hit seguido de otro hit, con 'Half Asleep' recuperando
el sitar de sus inicios y 'Dead Sea Scrolls' regalándonos un solo de
saxo de esos que te taladran el alma. La producción es exquisita y
los elementos pueden degustarse de forma individual al estar
perfectamente situados en la estructura de cada canción. Estamos
ante una obra maestra desde la portada hasta el cierre, ya que el art
work corre a cargo de David Altmejd, un canadiense que ha creado una
escena física al estilo de Dali teniendo en cuenta elementos de la
cultura y personalidades actuales. Lo bizarro se apodera por minutos
del LP y escuchamos una ronda de aplausos mientras suena un clavecín
en 'Child Prodigy' para dar paso a la fase final de este Amen &
Goodbye.
Chris Keating entrega su último temazo
con 'Gerson's Whistle' antes de dejar que Anand Wilder cierre el disco
con una nocturna y primaveral canción de amor en 'Uma' y un tema que
suena a mezcla entre el sonido del Viva la Vida de Coldplay y el Hail
to the Thief de Radiohead llamado 'Coldnight'. Yeasayer ha demostrado
que son los mejores en lo que hacen. Son la banda que todo grupo
moderno quiere ser y se traen del futuro una frondosidad que completa
los mejores jardines del panorama musical. Aquí encontrarás una
apuesta lucida, generosa, valiente y espléndida. La mejor versión
de tres amigos que han sudado sangre para grabar un disco plagado de
retos y viajes hacia lo extraño y lo desconocido. Esta nueva pila de
canciones y su notable apuesta en directo les convierte una vez más
en una de las bandas más interesantes para subrayar en un festival
veraniego.
Tracklist_
1. Daughters of Cain 2. I Am
Chemistry 3. Silly Me 4. Half Asleep 5. Dead Sea Scrolls
6.
Prophecy Gun
7. Computer Canticle 1
8. Divine Simulacrum
9.
Child Prodigy 10. Gerson's Whistle
11. Uma
12. Cold
Night
13. Amen & Goodbye
El líder de bandas de culto como
Soundgarden y Audioslave se rindió ante los clásicos de su
cancionero y al arte de versionar en una noche de madera y perfume de
caballero.
Desde que en 2011 lanzase Songbook, el disco en
directo con el que abrazó una puesta en escena acústica, madura y
asentada, Chris Cornell se ha centrado en mejorar su habilidad en lo
básico y lo desenchufado. Tan relevante fue ese LP, que su último
disco, Higher Truth, es una consecuencia directa de ese giro en la performance que todos aquellos que prefieren verle desde una butaca han
celebrado. Atrás queda aquella leyenda del grunge de los años
noventa que sufrió la ira de sus fans cuando se atrevió con un
experimento llamado Scream que atrajo como nunca a masas de jóvenes
que acudieron a conciertos como el BBK Live de Bilbao de 2009 con muchas
ganas de fiesta. Anoche en Barcelona la tónica era otra. Los jóvenes
desaliñados con pantalones cortos dejaron paso a treintañeros
nostálgicos que llenaron el Liceo con un perfume de caballero
mientras éramos testigos de un setlist con el que el artista se
rindió ante los clásicos de su propia ingeniería y dejó de
lado las obras de su carrera en solitario.
Cornell también quiso aprovechar para
explotar sus cualidades en el arte de versionar, con temas como 'The
Times They Are A-Changin'' de Bob Dylan, 'One' de U2 con letra
de Metallica, la desgarradora 'Billie Jean' que
poco tiene que ver con cómo la cantaba Michael Jackson, 'A Day in the
Life' de los Beatles, y 'Nothing Compares 2 U', con la que abrió el
concierto para homenajear al fallecido Prince. Su actuación no contó
con una estructura demasiado definida pero es que tampoco lo
necesitaba. Una leyenda del grunge como es Chris Cornell solamente
necesita una guitarra (aunque se llevó unas seis) y una alfombra
para entretener a un teatro lleno hasta la bandera y muy entusiasmado
al escuchar cómo el norteamericano se sacaba con la acústica
canciones de libro de historia del rock como 'Black Hole Sun' y 'Fell On
Black Days' de Soundgarden, del mismo modo que regalaba al público
aquellas baladas que solía tocar con Tom Morello en grandes
escenarios como 'Like a Stone' y 'Getaway Car'.
Fue generoso con las anécdotas y en
varias ocasiones se levantó para darse un paseo por el escenario
mientras cantaba y tocaba. El público fue uno con el artista cuando
se animo a dar palmas con 'Rusty Cage', sobre todo teniendo en cuenta
que la gran mayoría acudió a su butaca para escuchar canciones que
marcaron una época hace décadas. El nivel de 'fanservice' fue tan descarado
que Cornell pareció obviar su trabajo en solitario. Solamente diez
de las 26 canciones que tocó pertenecían a su discografía como 'solo artist', de las cuales únicamente cinco sirvieron para presentar
su último disco a pesar de que el concierto forma parte de la gira
Higher Truth. Los que ya se traían el Songbook estudiado no se
llevaron demasiadas sorpresas al ver cómo Chris Cornell versionaba su
propio cancionero con una guitarra acústica, pero los que entraron
anoche por la puerta del Liceo con la intención de reencontrarse con
los viejos tiempos salieron con el paladar satisfecho tras haber
probado un buen vino de barrica añeja.
Los irlandeses Little Green Cars llegan
a su segundo LP echando el candado a un pasado doloroso con un disco
más oscuro que su debut pero con un atardecer entre nubes con el que
el oyente se sentirá fácilmente identificado.
★★★★☆
Ephemera suena a noche tormentosa, a
sueños que se tienen tras una experiencia traumática, a ritual
crematorio y a pulso ganado contra la depresión. Este tipo de bandas
no deben faltar nunca en nuestras vidas. En los veranos, entre
festivales, temas bailables, risas, cachondeo y subidones se nos
olvida la importancia de este préstamo sentimental que realizan los
hijos de San Patricio. Little Green Cars se ha convertido en una
noble representación de esa banda impermeable que ha sabido
adaptarse a las nuevas exigencias de un público que se aburre con
facilidad. Aquí todos cantan, pero las voces de Stevie Appleby y
Faye O'Rourke son los colores con los que más identificados se
sentirá el oyente. Él parece el hijo que siempre quiso tener Neil
Young en temas como 'You vs Me' y ella es un bello trébol de verde
radiante que aguanta tormentas con una fuerza desgarradora que te
emocionará sí o sí con 'Easier Day'.
Pero Little Green Cars suena a
conjunto, sobre todo cuando nos vuelven a regalar sus armónicos en
temas suaves como 'The Garden Of Death', 'I Don't Even Know Who', 'Winds Of Peace' y 'The Factory'. También hay
dúos como 'Clair de Lune', pero se podría decir que las voces
cantantes se reparten muy bien este sueño efímero que los propios
músicos definen como el desvanecimiento de una luz y la belleza de
un momento. Un álbum terapéutico para echar el candado a
experiencias duras del pasado y mirar hacia delante con la sensación
de haber aprendido algo. A partir del octavo track, Ephemera anochece
y nos mete en la fiesta más incómoda en la que jamás hemos estado
con 'The Party' y en un túnel de sentimientos enfrentados con 'Good
Women Do'. En definitiva, su segundo disco es un álbum muy
unificado, menos heterogéneo que el anterior (ya no escuchamos
recursos arriesgados como aquel vocoder del primer LP) pero que
destaca por capturar momentos que conectan con lo cotidiano, los días
grises y los grandes cambios vitales de sus oyentes.
You
& I es una íntima estancia con un artista que se ganó el mote
de 'jukebox humano' por su capacidad de sacar en directo influencias
de un amplísimo rango musical y hacer suyas canciones de Bob Dylan,
The Smiths, Sly & The Family Stone y Led Zeppelin.
★★★★☆
Oficialmente,
Jeff Buckley solamente lanzó un LP en vida pero ha emocionado e
influido a miles de artistas por todo el mundo y bandas como Muse,
Radiohead o Coldplay quisieron sonar como él en sus inicios. No es
fácil editar nuevos discos de un artista fallecido en 1997 a la edad
de 30 años cuya mayor actividad musical se generaba en los bares que
frecuentaba para deleitar al publico neoyorquino a diario durante
semanas y semanas. En esa época de los 'cafe days' es cuando se ganó
más que nunca el apodo de 'jukebox humano' porque era capaz de sacar
cualquier tema que le pidiera el público, desde los temas más
populares de aquella década, pasando por canciones de Broadway, clásicos
del rock, jazz, pop, hasta que se animaba a cantar como el paquistaní
Nusrat Fateh Ali Khan.
Pero
aunque este don ya lo exhibió en el recopilatorio de Live at Sin-é,
You & I ofrece grabaciones inéditas que Buckley registró cuando
firmó su primer gran contrato discográfico. Hasta para los que ya
creen haberlo escuchado todo de esta deidad musical se emocionarán
con las versiones inéditas de 'Just Like a Woman' de Bob Dylan (cuyo clímax te
pondrá los pelos de punta), 'Calling You' de Jevetta Steele, y una de
las grandes favoritas: 'I Know It's Over' de The Smiths. A pesar del
vaivén de melancolía de este CD, You & I es un encuentro
privado entre el oyente y el artista en una habitación que en
algunos instantes se llena de luz a través de ventanas como 'Everyday
People', 'Don't Let the Sun Catch You Cryin' y 'Night Flight'. Todo ello
con un buen sonido, fruto del trabajo de la madre de Buckley y la
discográfica Columbia, pero respetando ese sabor a maqueta y
evitando cualquier edición o alteración de la fuente original,
“estas grabaciones son los verdaderos restos mortales de Jeff,
deberíamos tratarlas como si estuviéramos preparando su cuerpo para
un entierro: nada de maquillaje, ni trajes de Armani, ni cortes de
pelo o peinados”, afirma Mary Guibert sobre la forma en la que
quería preparar este álbum antes de lanzarlo.
Impresiona
en gran medida escuchar cómo un solo hombre se saca
influencias de estilos tan diferentes y logra hacer suyas canciones
de artistas que, como Leonard Cohen con Hallelujah, han llegado a
confesar que Buckley ha superado sus propias creaciones. Aquí se
puede ver una vez más que este norteamericano nacido en Anaheim
(California) era un hombre al servicio absoluto de la música. Una
bella criatura cuya muerte es tan insuperable como el legado que ha
dejado en la música. You & I llega a hacer daño en temas como
'Dream of You and I', en la que el propio cantante relata cómo soñó
con una canción al mismo tiempo que la interpreta con la guitarra
acústica, "si estás grabando esto, mejor, así no se me olvidará", se le oye decir al cantante al final de la grabación sobre un tema que nunca llegó a completarse.
Siempre
nos quedaremos con la ganas de saber cómo habría evolucionado su
música, su puesta en escena, la colaboraciones que habría
realizado, si se habría animado a trabajar en una banda sonora o si habría cambiado la guitarra por el piano. Pero
nos queda siempre su legado y una devoción hacia la música
que se hace palpable cuando escuchamos cómo tiembla su voz al mismo tiempo que su
famosa Fender Telecaster sesentera de color crema acompaña un momento
realmente íntimo entre el oyente y el artista.
Tracklist_
1. Just Like A Woman (Bob Dylan)
2. Everyday People (Sly & The
Family Stone)
3. Don’t Let The Sun Catch You Cryin’
(Louis Jordan)
4. Grace
5. Calling You (Jevetta Steele)
6. Dream Of You And I
7. The Boy With The Thorn In His Side
(The Smiths)
En el día que se conocía la noticia
de que la Joy Eslava podría pasar a convertirse en una tienda de ropa, Everything
Everything ofreció un concierto histórico que sacó nota en el
global y en los pequeños detalles.
El presentador de Hoy Empieza Todo
(Radio 3), Ángel Carmona, proponía al principio del show un abrazo
grupal masivo entre los miembros de Everything Everything y el público de la Joy Eslava. Un cálido comienzo cuyo calor se
alargaría durante el resto del espectáculo con un Jonathan Higgs
que abría con una enorme sonrisa el primer concierto de esta banda
en España como cabezas de escenario. Ataviados con una indumentaria
gris que recordaba a los trabajadores de la distopía de George
Orwell en 1984, este grupo original de Mánchester sonó de
principio a fin como unos músicos del futuro que nos visitaban para
realizar una exhibición musical visionaria.
Las zapatillas rojas del líder
contrastaban con los grises atuendos del mismo modo que bestias
bailables como 'Blast Doors' soltaban a todo pulmón inquietudes que el
cantante ha querido expresar con el último disco de la banda, Get to
Heaven. Las crudas decapitaciones del Estado Islámico o el
reclutamiento terrorista de adolescentes europeas sonaron en
canciones como 'To the Blade' y 'Regret' desde el alma de Jonathan Higgs pero también sirvió para sacudir los músculos de los allí presentes. Ha
cambiado mucho este cuarteto desde aquel concierto en Ibiza del año
2010 en el que su complejo e inmaculado trabajo de estudio se ahogaba
a la hora de subirse a un escenario, porque lo de anoche fue una
culminación de una banda cuyo crisol de sonidos parece una
representación de lo que nos depara el nuevo mañana.
La enorme presencia del bajista, los
punteos y percusión matemáticamente enlazados, los armónicos, la
densa electrónica, los falsetes del cantante, el dinamismo sobre el
escenario y la conexión entre los músicos y el público hicieron
que esta fiesta de presentación de uno de los mejores discos del
pasado año pareciera corta. No faltaron singles como 'Schoolin'',
'Kemosabe' y 'MY KZ, UR BF', pero antes de que todo el mundo se fuera
a casa con la sensación de que posiblemente ese iba a ser su último
concierto antes de que la sala se convierta en una tienda de ropa,
Everything Everything deleitó a sus mayores fans con 'No Reptiles' y
'Distant Past', siendo la primera un tema que muchos llevaban
coreando desde antes incluso de que los ingleses saltasen al
escenario. Con este perfecto matrimonio entre público y artista,
parece garantizado su retorno a la capital, aunque ya no será la Joy
Eslava la que se convierta en una máquina del tiempo hacia esta
seductora distopía futurista.