jueves, 26 de junio de 2008

Viva la Vida or Death and All His Friends [Coldplay]

Esperanza entre la oscuridad

Coldplay lo logra una vez más. El miedo de Chris Martin de no poder ofrecer algo nuevo y gigante ha dado sus frutos a pesar del listón tan alto que tenían. Este cuarto álbum demuestra que Coldplay será comercial si las masas así lo quieren, porque ellos parecen solo querer clavar una obra maestra que nunca caduque en el tiempo. Un Coldplay sepia que tira de las ganas de vivir en tiempos de cólera.

Resulta frustrante ver algunas entrevistas y declaraciones por parte del cantante y líder de la banda el señor Martin cuando habla de no poder superarse o hacer algo que merezca la pena con su siguiente album, mientras agoniza y se echa las manos a la cabeza pensando que crear y como crearlo. El resto de la banda parece ser más optimista, o al menos el peso que balanza al grupo para que todo llegue a un mismo punto y logren sacar al mercado, al menos, eso que querían decir con el corazón.

Después de un sublime X&Y, parecía un suicidio meterse en el estudio y centrarse en hacer un LP mejor. Pero la experiencia hace que Coldplay finalmente se olvide de lo que le rodea y se acuerde más de Coldplay. Con Viva la Vida ofrecen algo fresco, atrevido, e incluso experimental, pero no sin ello quitar ese puntito que hace de Coldplay una de los mejores grupos del momento, ¿de que categoría? Ahí esta la gracia, Coldplay son ellos mismos, a pesar de tener su inspiración e influencias como toda banda.

La historia (dado que este disco es historico) empieza con una Life In Technicolor. Un enorme atrevimiento dado que se trata de un tema instrumental e introductorio, y que recuerda a los instrumentales de la banda danesa Mew en sus últimos trabajos. Y es que que Coldplay se atreba con algo así, siendo una banda tan mediatica y bajo una gran presión del mundo musical, nos da una carta de presentación a un Coldplay que toca música con los ojos cerrados y el corazón en la mano, centrándose en ellos mismos más que nunca. Cementerios Of London sigue esta linea, con un Martin que entra con su voz acaramelada, sin grandes pretensiones, adentrandonos en una lírica oscura que abunda a lo largo del disco. A ritmo de palmada la canción va cogiendo un color, pero un color de tres tonos: blanco, negro y gris. Es un cantar bajo la lluvia, una banda británica que disfruta con lo que hace y perfila cada verso de una manera deliciosa y dulce.

Lost! se enchufa con un ritmo percutido que bien podría ser una base para una canción hip hop de culto, pero en el momento que entra la voz entendemos que la vía es diferente, y así estos cuatro chicos vuelven a sorprender una y otra vez con sus cambios de orientación, giros y volteretas en cámara lenta. Jonny Buckland (guitarrra) se marca sus riffs de guitarra de melodías simples, delay, que empieza a ser definitorio en la banda desde especialmente el anterior album. Esta faceta de Buckland ha llevado a comparativas entre la guitarra de U2 y Coldplay, catalogados ambos de “stadium rock”, aunque estas comparaciones no son más que un juicio muy cómodo y típico basado en las amistades entre ambas bandas, algunos efectos de guitarra, y la cantidad de masas que estos grupos atraen allá donde van. 42 es una fuerte referencia en este Viva la Vida or Death and All His Friends (recurso del doble título de album que recuerda a la etapa de Hail to The Thief de Radiohead). La estructura de esta canción la hace sobradamente válida para ofrecerla en vivo: Intro de Martin a piano y lírica oscura que sucesivamente va adquiriendo potencia con la batería de Will Champion y la termina de agarrar con la supremacía de Buckland en la guitarra, el cuerpo sólido del bajo de Guy Berryman y finalmente la voz de boca abierta de Martin y sus dedos aporreando el piano de manera rítmica.

Con Lovers In Japan la banda de rock se expande en homenajear el amor y sus sensaciones. Un homenaje a la esperanza y al amor como cura que se fusiona con uno de los temas bonus del album: Reign Of Love, una verdadera nana para el corazón. Yes es otra de las gratas sorpresas que ofrece este Viva la Vida. Chris Martin canta con una voz grave pocas veces oída anteriormente, la cual coge una vía musical de lo más atractiva con una acústica rasgada y de acordes que cambian en espiral, un bajo y eléctrica tejano y para animar más el coctail un grupo de violines arabes que aportan al tema una gran carisma. Es, en base, la God Put A Smile Upon Your Face de el cuarto álbum. Este tema también trae regalo en forma de canción extra: Chinese Sleep Chant. Esta es sin duda una de las más atrevidas y más me-da-igual-lo-que-diga-la-discografica, dado que la voz aguda de Martin, las guitarras eléctricas chillonas y con eco, y el ritmo monótono de la canción no la llevarían ni al número 39 de los 40 principales. Un aplauso por esta liberación que pocas veces se ve ya en un álbum (termina abandonada como cara b de un tercer o cuarto single).

Tras la canción que nomina al álbum, la cual se sustenta en orquesta de cuerda y la voz de Martin y que seguramente sea single por su capacidad de ir ganando por cada vez que suena; llega el que ha sido primer single, Violet Hill. Es la aportación de blues que Coldplay planta en el álbum, una pieza de estribillo pegadizo, verso fresco, confortable y divertido, y un final de una ternura que hace estremecer. Antes de llegar al final, nos rescatan de nuestra oscuridad con Strawberry Swing. Su titulo lo dice todo, es como los mejores años de la infancia, la belleza de la inocencia y el amor por las cosas pequeñas. Lastima que quizás con el paso del tiempo termine por perder fuerza y se quede en una canción nostalgia que gusta veces si y veces no.

Llega la traca final con Death And All His Friends. Completita como ninguna tiene de todo: El principio es un abrazo de madre como solo Coldplay lo sabe describir, que poco a poco coge impulso y fuerza para subir una cuesta en el intermedio, y terminar por dar el salto al final de la canción con una catarsis con la banda al completo brillando como nunca. Maravillosa, una firma a este Viva la Vida que no se puede olvidar. Pasada la delicia, vuelven con la misma melodía electrónica y preciosista de Life In Technicolor pero esta vez culminando con la voz de Martin repitiendo con una terrible fuerza lírica y que encaja perfectamente con la belleza musical que le rodea: “In the end we lie awake, and we dream of making our scape”.

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