El caso es que teníamos demasiadas y solo valían para ese día y el lunes 30 de abril, por lo que decidimos hacer algo con las 7 restantes. Nos plantamos en la puerta del cine cual camellos a esperar a aquellos que se decidían a entrar o los que miran los carteles de fuera diciendo cosas como: “es que no sé, realmente no hay ninguna que me encante”.
Los primeros fueron una pareja de mediana edad, que agarrados y contentos iban a ver su película. –¿Pero en serio? ¿No es una broma ni nada?- decía la risueña mujer. A la salida de las taquillas su sonrisa era aún mayor –Oye que era cierto ¿eh?, ¡muchas gracias!, ¿Os invitamos a un café, una cerveza o algo?-. Pura simpatía.
Lo malo es que regalar algo gratis crea a veces desconfianza, y entonces la situación de ‘camellos del cine’ resulta un poco más violenta. Unos tenían ya su entrada, otros miraban las películas que ponían pero no querían entrar… Hasta que dimos con un grupo de dos chicos y una chica. La chica se mostraba muy interesada (¡le estaban regalando una entrada para la película que quiera a la sesión que quiera!) pero los hombres nos miraban con recelo. Uno de ellos, según dábamos nuestra explicación, iba formulando palabras, aunque algo faltas de confianza, como ‘vale…’, ‘perfecto…’. Aunque el otro aún mantenía una expresión seria, al terminar nuestro testimonio, dar los tickets y despedirnos, esbozó una gran sonrisa y formuló expresiones de agradecimiento.
Ya sólo nos quedaba una entrada y nuestra película estaba a punto de empezar. En el último instante cazamos a otra pareja de mediana edad. El hombre ganó el premio al más desconfiado de la noche, pero claro, lo gratis es gratis, no arriesgas nada, no era como pagar a mitad de precio o algo así. Así que el señor la agarró, soltó un protocolario "pues muchas gracias" y tiró para la zona de las taquillas.
Vimos la película y nos gustó. Nos volvimos a sentir como unos niños que respiran fantasía, nos reímos con nuestro hermano cachondo Adam Sandler y nos llevamos el recuerdo de la anécdota y la sonrisa después de regalar 7 entradas en un cine. Y digo yo, ahora con la crisis y todo esto, para ‘activar la economía’ y alejar al público de la piratería, ¿No deberían los propios cines plantar a alguien a pie de calle un día al mes y regalar algunas entradas? Mi amigo y yo conseguimos estas entradas para el Yelmo Cineplex del Tres Aguas pero de una manera indirecta, no es lo mismo. Nos ofrecemos para este trabajo a cambio de un disfraz de pollo y otro de mapache.
Adam Sandler: “Gratiiiiiiiiiiiiiiis”





